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Aristides, un toro


Carlos Alfaro

El juego pendía de un hilo, y fue cuando Aristides Sevilla apareció en escena. Llegó a paso acelerado y con su corazón latiendo más rápido que de costumbre. Subió al montículo con la adrenalina alterada, y bastó un solo pitcheo en ese instante para que calmar los nervios de Roa y su tropa, quienes desesperadamente buscaban frenar una cadena de cinco reveses al hilo.
Sevilla lo hizo. Con casa llena y sólo un out, dominó al más temible artillero de la Liga, Clyde Williams, en un roletazo que sirvió para doble play, y ahí comenzó el show del derecho metropolitano.
Ponchó a cinco en fila y su presencia sobre la loma fue como observar a un toro resollando y buscando aniquilar a su presa... Los artilleros capitalinos de inmediato se dieron cuenta de que se trataba de una misión imposible ante él, y la historia fue esa.
Sevilla, soltando disparos de hasta 95 millas por hora en el juego, aun con el accionar de Justo Rivas, que bateó jonrón y triple, fue la gran figura del juego.
“Llegué muy positivo. Pensé que Williams no me iba a estropear el trabajo. Le solté una recta fuerte y afuera, y al final logré ponerlo fuera”, dijo Sevilla tras el encuentro.

¿Te percataste de la hilera de ponches que construías?
Nunca me di cuenta de eso, aunque siempre es interesante ver cómo no te pueden tocar la bola. Creo que si lo hubiera estado, quizá no hubiese llegado a esa cantidad.

¿Actuando sólo dos episodios y dos tercios, con pocos envíos realizados, pensaste en continuar?
Mi rol en el club está bien definido. Se trata de relevista, y sé que tengo limitantes en cuanto a pitcheos realizados. Pero me sentí bien. Si Henry me sacó, acepto todo lo que él hizo.

¿Es la ocasión en que te has sentido más fuerte sobre la loma?
Fue una combinación de todo. Además de mis rectas humeantes, mi control estuvo fantástico. No había manera que ellos me batearan.