Deportes

Mayorga a reconstruirse


Edgard Tijerino

Enviado a Los Ángeles
Alguien golpeó en la cabeza a Ricardo Mayorga antes de pelear con Fernando Vargas. Su comportamiento con los medios de prensa fue diferente, amplio, receptivo, raramente amable y hasta colaborador.
Daniel debería aprender un poco de eso. Quizás necesite conversar un buen rato con Mayorga, sin pretender, por supuesto, convertirlo en jefe de uno de los CPC.
Ironía aparte, Mayorga pareció haber madurado lo suficiente para manejarse con el periodismo, lo cual es alentador, porque estábamos agobiados tratando de combinar la admiración por el atleta con la compasión por la persona que se mueve en lo grotesco.
Periodistas de la nueva generación, esa que está dominando el dial, las pantallas y las columnas, como Miguel Mendoza, Levi Luna, Iván Centeno, Carlos Alfaro y Osman Rosales, se sorprendieron mientras comprobaban que Mayorga está cambiando.
El púgil bravo, construido a la orilla de una rudeza primitiva, proyectado hacia la notoriedad y la opulencia con la violencia de su golpeo, todavía incontrolable insultando a los rivales sólo para terminar pidiendo disculpas, tiene que someterse a necesarias modificaciones, y el primer paso, es su relación con los medios, sobre todo porque el interés del periodismo pinolero, carente de figuras, es dimensionarlo.
Dice Rilke que la fama es una suma de malentendidos que se concentran en una persona, un vertiginoso juego de espejos deformantes que te devuelven millones de imágenes, todas falsas y alienantes multiplicando “yoes”.
Mayorga es un producto de la extrema pobreza que no tenía ningún significado antes de derrotar a Andrew Lewis, y que se aproximaba sin futuro a los 30 años. Había hecho de todo batallando por sobrevivir y viendo marchitarse gran parte de su juventud.
La pobreza no le quitó su ruidosa carcajada, ni sus gestos, ni sus ganas de ser alguien. Y lo logró utilizando el boxeo como palanca, convirtiéndose, nos guste o no, en una figura más allá del firmamento casero.
¿Cuándo uno está preparado para caminar sin desviarse, tomado de la mano con la fama? Y esta pregunta cubre a gente de mucho desarrollo cultural, es decir, sin las excusas que pueden argumentarse en el caso de Mayorga.
Ahí estaban los muchachos con él, en su habitación del piso 15 en el Hotel Wilshire, bromeando, cambiando impresiones, compartiendo un espacio antes prohibido o peligroso.
Que sea un charlatán incurable no molesta si aplica control y humor, pero debe dejar de ser un autosuficiente irreflexivo y agresivo. Como hombre de familia, funciona diferente, y ha demostrado ser humano aún conspirando contra él mismo.
Se le puede ayudar si desea ser ayudado. ¡Qué bueno fue verlo en este otro plan con el periodismo!