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Lloró “El Matador”


Desde Los Ángeles
Los hombres duros no bailan, decía Norman Mailer, pero pueden llorar.
Ustedes vieron a Ricardo Mayorga llorar y hablar gimiendo frente a las cámaras de Showtime atrapado por la frenética cabalgata de emociones de una pelea cuyo resultado tenía para él, un gran significado.
Para Mayorga se trataba de ganar o ganar, y lo hizo, con esa bravura que siempre lo ha caracterizado, regresando a la esfera de las bolsas atractivas, en un momento en que el boxeo pide a gritos la presencia de peleadores excitantes.
“Fue una noche difícil, pero fui a fondo en cada round, como si mi vida dependiera de la victoria, porque yo así entiendo el boxeo”, dijo.
“Vargas peleó con un estilo diferente al previsto y eso me obligó a realizar cambios, y tengo que reconocer el mérito de la gente que trabajó en mi esquina. Supe asimilar y contragolpear sin preocuparme de los golpes bajos. Él estaba herido y tumbado, y sabía que podía volver a hacerlo. Se presentó la oportunidad y fui encima con todo mi poder. No sé cómo lo resistió. Pensé que no regresaría por más, pero es valiente”, agregó Mayorga.
Antes de iniciarse oficialmente la Conferencia de Prensa, Mayorga sorprendió al colocarse de rodillas para pedirle disculpas a Vargas, que trataba de ocultarse detrás de unos anteojos oscuros.
De inmediato, los peleadores se abrazaron en un gesto que fue ovacionado. Una multitud de 10,365 aficionados se acomodó en el Staples Center, el mismo sitio donde Mayorga intentó destronar a Andrew Lewis en una pelea suspendida después de un asalto por un choque de cabezas.
“Voy a continuar mi carrera en las 154 libras. Hoy demostré que tengo mucho que ofrecer todavía”, apuntó Mayorga, que utilizó una calzoneta de camuflaje en este combate.
La Conferencia de Prensa post pelea se realizó colocando una tarima en el propio cuadrilátero, aún humeante, de frente a las butacas en que los hombres de prensa trabajaban elaborando sus notas.
Fue una excelente idea.