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Yanquis ceden, Alex gana


Edgard Tijerino

Los negocios son redondos y vienen en cajas cuadradas.

Se aseguró anoche que los Yanquis de Nueva York llegaron a un arreglo con Alex Rodríguez, garantizándole 275 millones de dólares por los próximos diez años. ¡Qué buena esquina es Scott Boras! Funcionó como Angelo Dundee y los Yanquis perdieron la pelea con el súper pelotero.
Lo que parecía improbable pese a la inmensidad de las estadísticas de Rodríguez, conseguir más de 26 millones de dólares anuales y extender el plazo, lo logró Boras moviéndose con una diabólica habilidad en el complicado terreno de lo especulativo. El agente de Rodríguez llevó su atrevimiento más allá de lo tolerable, exigiendo –a sabiendas que era más truco para presionar que algo real- 350 millones por un nuevo contrato a 10 años.
Esa montaña de billetes estaba fuera del alcance de cualquier equipo, incluidos los Yanquis, pero abrían el espacio que Boras había prefabricado para mejorar salario y ampliar el tiempo.
Rodríguez, haciendo uso de una cláusula introducida por Boras con gran visión de futuro, se salió del contrato de diez años con respaldo de 252 millones, después de siete temporadas y se metió a la agencia libre.
Boras habló de 300, 320 y 350 millones. El planeta béisbol se asombró y los Yanquis anunciaron que se retiraban dejando a Rodríguez en libertad de acción. Pero Hank Steinbrenner no quería ver a Rodríguez bateando más de 50 jonrones y empujando 150 carreras en otro lado, y comenzó a hacer cálculos.
Cuando Steinbrenner informó que ofrecerían arbitraje a Rodríguez, como un recurso extremo para retenerlo, Boras --aparentemente fuera de la negociación pero seguramente con un celular bien cargado-, recomienda negociar y, obviamente, dirige el operativo.
Él no estaba ahí físicamente, pero sí lo estaba efectivamente.
Consideren esto: antes que Rodríguez, con Boras a la orilla, advirtiera que estaba dispuesto a salir del contrato original firmado con Texas, los Yanquis ofrecieron una ampliación de cinco años, es decir, dos más que los tres pendientes, con un salario agrandado, pero sin precisarlo, aunque se suponía que cercano a los 28 millones.
Algo que quedó claro, sobre todo por un comunicado que Rodríguez hizo circular, es que el pelotero también quería seguir con los Yanquis, pero, guiado por Boras, colocó una buena cuota de riesgo que cobija toda ambición frenética, adelante de ese deseo.
Visto desde cualquier butaca, fue un gran trabajo de Boras. Ahora Rodríguez, de 32 años y con posibilidades de establecer una marca jonronera de todos los tiempos, ha asegurado diez años, ampliando a siete su compromiso que tenía tres pendientes, recibiendo casi dos millones más por temporada.
Negocio redondo.