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Escalofriante


Edgard Tijerino

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Han pasado 25 años, pero la ferocidad vista aquella noche del 11 de noviembre de 1982 en el Orange Bowl de Miami, esa demostración de salvajismo puro que provocó escalofríos consecutivos round tras round, el sonido de los impactos como campanazos en la Catedral de Notre Dame, permanecen intactos en el baúl de los recuerdos imperecederos, aquellos que se activan con un chasquido de dedos.
Ahí estaba Alexis Argüello con su fiereza resplandeciente, retando la dinámica y el poderío de Aaron Pryor en busca de arrebatarle el cinturón de las 130 libras y obtener su cuarta corona.
¡Qué pelea señores! Salvajismo puro, sin tregua ni gemidos, recargando de oxígeno los pulmones y con los corazones de todos cabalgando frenéticamente mientras brutales cambios de golpes se alternaban con acorralamientos, desbordes, crujir de huesos, rechinar de dientes, cortes de aliento y mezcla de sudor y sangre.
¡Qué resistencia de ambos! Gladiadores enfurecidos con sus ojos llameantes y los músculos crispados, estimulados por el dolor provocado por los golpes y con una determinación por destruir al otro. Algo escalofriante.
Ese round 13 con Argüello a la ofensiva hizo sudar a los cuatro postes y pareció aflojar todo el esqueleto de Pryor, pero la reacción del muchacho bravo de Cincinnati, nueve años más joven y con sus facultades en el punto de ebullición, fue impresionante.
En el round 14, después de un accionar confuso en su esquina, Pryor se movió con violencia y precisión empujando al flaco a las cuerdas. Otra derecha inició una lluvia de al menos 14 golpes. No todos acertaron, pero los que llegaron provocaron estragos.
Alexis, aturdido, destruido, dobló sus piernas, su cintura y su cuello. Fue sostenido un momento por las sogas y terminó de derrumbarse.
El referee Stanley Christodoulou saltó para apartar a Pryor y evitar un desenlace trágico. Había transcurrido un minuto y seis segundos de ese asalto, con Alexis bombardeado dramáticamente durante casi 35 segundos, hasta que cedió.
A esa altura, la tarjeta de The Ring marcaba empate 124-124. El referee Christodoulou favorecía a Pryor 127-124, igual que Ove Ovesen de Dinamarca, pero Ken Morita de Japón, se inclinaba por Alexis 127-125.
“Nunca me preparé tan bien para una pelea como en esa ocasión. Trabajé rounds extras, corrí más kilómetros, me sentía más fuerte, mi concentración fue total, estaba bien afilado, pero no fue suficiente”, me dijo Alexis en Caracas en febrero de 2002, cuando la gente de la AMB lo reunió con Pryor.
El rugir de esa furia vista hace 25 años parece que nunca decrecerá.