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Ahora, ese futuro brilla


Carlos Alfaro

Hoy, todo es más fácil y el futuro brilla en la vida de Román “Chocolatito” González. A pesar de no alcanzar su meta aún, el joven gladiador es toda una figura deportiva. Muchos lo han convertido en ídolo, y no existe puerta que se le cierre cada vez que la toca.
La vida le ha cambiado a González. De ser aquel chico anónimo caminando en las calles de San Judas mientras se dirigía al gimnasio Róger Deshon, ahora todos saben que va ahí. Todos lo ven como un gran peleador. Otros van más allá. Lo observan desde ya como un triunfador ante las adversidades de la vida.
La gente lo saluda. Lo admira, y hasta se ha acostumbrado a los autógrafos. El cambio ha sido rotundo, aunque batalla con tantas comodidades que ahora tiene para no cambiar su personalidad.
“Sigo siendo el mismo de antes. Soy siempre amigo de mis amigos de la infancia. Los quiero igual a todos, y lo principal, no me olvido de dónde vengo”, dijo Román, mientras se alistaba para brindar una conferencia de prensa, convertido ya en la principal figura del boxeo casero.
Llegó al país el pasado jueves con un traje negro a rayas. Indudablemente, una vestimenta que antes, era imposible imaginarse que la usaría.
“No podemos esconder que las cosas ahora son más cómodas. Hay mejor atención de la gente hacia mí, y el dinero no me falta tanto como antes”, añadió el púgil, tímido y temeroso al opinar sobre eso.
Román no escapó a los orígenes de los grandes peleadores. Impulsado por la necesidad económica, encontró en el boxeo la mejor manera de obtener un poco de plata. Llegó por primera vez al gimnasio, y todos notaron su determinación por el deporte.
“No llegó a tomar el boxeo como hobbie. Fue para él algo serio desde la primera vez que se apareció en el gimnasio”, recuerda su entrenador Gustavo Herrera. “Siempre supo que a través del boxeo escaparía al anonimato, resolvería sus problemas económicos, generaría esperanzas a su familia de un mejor futuro, y sobre todo, deleitaría a toda una nación con su brioso boxeo”, añadió.
“Hubo momentos en que no teníamos que comer”, dio Román, mientras retrocede el casete y se ubica en aquellos difíciles años en que las limitaciones eran la rutina de la casa. “Pero siempre hemos sido una familia muy unida. Pobres pero felices. Yo me siento contento de que mis padres siempre me enseñaron el valor de las cosas”, añadió.
Todo ha cambiado para él, pero sabe que él éxito aún no lo ha alcanzado. Es más, convirtiéndose en campeón del mundo, su inmortalidad en el deporte estará en la consistencia, no en llegar una vez y luego fracasar.
“Hay personas muy buenas a mi alrededor que siempre me dan consejos, y yo trato de acatarlos, uno de ellos es el señor Silvio Conrado, y mi ídolo Alexis Argüello. Yo les prometo a ellos y a toda Nicaragua que voy a ser campeón del mundo... y de los buenos. Tengo los deseos y no voy a defraudarlos”, culminó el gran púgil capitalino.