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Un zurdo mata-pitcheres


Edgard Tijerino

dplay@ibw.com.ni
¿Alguien cree que Próspero González no volverá a batear? Se retiró, ciertamente, pero estará haciendo swing siempre, aún sentado en un taburete, con el intenso calor de Chinandega, tratando de fijar sus recuerdos sobre batazos imperecederos.
Este zurdo mata-pitcheres fue campeón de bateo con .400 puntos en 1990, líder jonronero en tres temporadas y líder empujador en otras tres. Disparó 258 vuelacercas, segunda cifra de todos los tiempos, sólo superada por los 319 de Ernesto López. Un especialista bateando bajo presión.
Por uno de esos extraños designios del destino, el que hubiera sido su batazo más significativo, fue out y quedó sin historia, reducido a una referencia frustrante. En los Panamericanos realizados en La Habana durante 1991, en el fondo del noveno inning, contra Estados Unidos, con el equipo nica buscando desesperadamente el boleto para los Olímpicos de Barcelona y las carreras del empate y la victoria circulando, Próspero colocó una pelota en lo profundo del jardín central, cargándose hacia la derecha, que viéndola fuera de alcance, nos levantó de las butacas, pero Jeffrey Hammonds, disfrazado de Willie Mays, realizó la atrapada de los Juegos y todos nos hundimos.
La coordinación mano-ojo es lo esencial en los grandes bateadores, junto con el tiempo de resolución, por supuesto. Hay que trabajar duro en el adiestramiento para poder pulirse y funcionar. Y Próspero, que también registró un porcentaje de .409 puntos, cultivó muy bien su gama de habilidades.
Como apunta Ted Williams, el elemento básico es la visión. ¿Cómo captas a tiempo el tipo de lanzamiento que viene hacia el plato? ¿Cómo descifras los giros? ¿Cómo consigues hacer algún ajuste?
“La concentración es el mandamiento número uno. Observo al pitcher y persigo todos sus movimientos mientras aseguro mi coordinación muscular”, me dijo en Indianápolis 1987, siendo muy joven todavía.
La inteligencia te permite ser astuto. El duelo mental pitcher-bateador, por lo excesivamente intrigante, puede ser la mayor exigencia en los deportes. Para poder prevalecer en un 30 por ciento de las oportunidades necesitas combinar chispa y destreza.
Eso explica por qué se ponchó 381 veces mientras conseguía 930 bases por bolas y disparaba 1,746 hits en 1,542 juegos en el concierto casero, con .320 puntos de average a lo largo de 24 años.
Debutando como internacional en los Juegos C.A. de 1986, efectuados en Guatemala, Próspero tomó sus últimos turnos en el Torneo de Saltillo en 2002.
Se retiró Próspero doblegado por ese pitcher invencible que es el paso del tiempo, pero estará bateando siempre. Nació para eso. No hay otra forma de imaginarlo.