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Nalbandian destrozó a Nadal


Edgard Tijerino

¿Alguien vio a Rafael Nadal en la cancha de París el segundo set? El “pistolero” español, número dos en el ranking mundial, fue completamente borrado por un David Nalbandian fiero, implacable, jugando casi perfecto, 6-4 y 6-0.
Para que ustedes tengan una idea clara del dominio aplastante ejercido por el argentino, después de 4-4 en el primer set, le clavó a Nadal ocho juegos seguidos incluyendo dos de 50-0 para cerrar el match.
Hay marcadores engañosos. No éste. Nadal fue brutalmente atropellado luego de ser desarmado en sus recursos.
No exagero, pero a ratos, fue como ver a Nadal desnudo deambulando por la cancha con Nalbandian de frac, trazando mortíferas diagonales, utilizando su potente y certero primer saque para doblar por la cintura al español, cambiando las velocidades con la precisión que caracterizó a Juan Manuel Fangio cuando fue rey de la Fórmula Uno.
Hubo un punto que me pareció “superior a la perfección”, es decir, fantasioso. Con sus piernas prodigiosas, capaces de llevarlo de París a Roma, el zurdo Nadal devolvió un complicadísimo cruce hacia su derecha con otro más cerrado, Nalbandian le llegó milagrosamente insistiendo con cerrar más el ángulo, pero Nadal fue lo suficiente preciso para regresar el disparo en medio de una rara geometría, casi paralelo a la red y un punto exageradamente agudo. ¿Cómo hizo Nalbandian para tomar esa bola y cambiarla de dirección, ya no encima de la red, sino a un lado, dejando sin chance a Nadal? Nadie sabe, pero lo hizo. Aladino hubiera quebrado su lámpara mágica.
El inicio del duelo fue parejo. Nalbandian, vencedor de Federer días antes, se veía consistente y capaz de sostener el ritmo de Nadal, a quien venció junto con Federer y Jokovic en el Masters de Madrid.
Con el juego 4-4, Nalbandian casi no cometió errores. Fue encima de los segundos servicios de Nadal, mostró una seguridad absoluta en los cambios de metralla, supo hacerse sentir con sus primeros saques, impresionó con su sentido del anticipo y su recuperación para no verse desarticulado en situaciones difíciles, y ganó los siguientes dos juegos para el 6-4, blanqueando a Nadal con autoridad 6-0 en el que le garantizó el título.