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¡Fulminante!


Edgard Tijerino

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Hey, reaccionen. Si, si, ocurrió. Ese muchacho con hielo en la sangre y fuego en los puños no bromea. Va al grano.
Todo fue rápido, como un signo de taquigrafía. El cruce de miradas, el choque de guantes, la salida del árbitro de la línea fuego, el sonido de la campana, la ofensiva no brusca ni avasallante, pero ordenada, firme y destructiva de Román “Chocolatito” González, el gancho zurdo que provocó un aullido de lobo desesperado, la caída, el conteo y el final.
Sobre el tinglado, el contraste de las dos figuras: uno erguido con los puños en alto; el otro caído con sus ilusiones rotas.
Apenas había transcurrido un minuto y nueve segundos. Menos tiempo del que utiliza Nicolas Cage en El Vidente para ver el futuro inmediato. Frente a un impecable e implacable simplificador de dificultades, el filipino Heriberto Gejón no tuvo tiempo de ser un peligro.
“Fue sencillamente impresionante. Lo habíamos visto y resultaba difícil de creer”, le dijo el apoderado de “Chocolatito”, el joven empresario Silvio Conrado hijo, a Miguel Mendoza en Doble Play.
¿Otro Argüello? ¿Otro Rosendo? ¿Mejor que ellos? Calma amigos. Es cierto que la excitación crece y trepa vertiginosamente por las laderas de la montaña, pero por ahora tenemos que detenernos en este presente resplandeciente y analizar las proyecciones.
“Lo conecté bien con un upper de izquierda y seguí con otro gancho utilizando la misma mano. Sentí que lo clavé y lo vi derrumbarse. Estaba listo para saltar sobre él, pero no continuó”, explica González desde Japón, país en el que triunfaron Alexis Argüello, Eddy Gazo y Rosendo Álvarez, tres de los Campeones Mundiales con olor a pinol.
Peleador atrevido, sin la menor cautela, confiando en su capacidad de agresión y potente golpeo, “Chocolatito”, que busca el cinturón de las 105 libras, no se dejó atrapar por la ansiedad.
“¡Qué seguridad! Lo vi ir hacia delante con los ojos bien abiertos y sus escopetas listas. Usó sus golpes rectos y los juntó con esos ganchos tan dañinos. Pensé que estaba entrando a la fase de tanteo, pero no, cuando fue con su izquierda a los bajos desplegó toda su contundencia”, manifestó el entrenador Gustavo Herrera.
Hay un optimismo fortaleciéndose velozmente alrededor de este muchacho. Nuestras emociones están crispadas, como ocurrió con Eduardo “Ratón” Mojica y con Alexis Argüello, a quienes vimos agigantarse frente a los retos cada vez más grandes.
Lo esencial, lo admirable, es la confianza de González. Eso sólo se adquiere con el paso del tiempo, atravesando pruebas de suficiencia, pero él da la impresión de haber nacido, crecido y estarse desarrollando entre las cuerdas.
Sube, boxea, pega y mata.