Deportes

“Siento que estoy listo”


Edgard Tijerino

dplay@ibw.com.ni

En boxeo, todos pasan soñando con la llegada de la gran noche. Es ésa en que todo se ilumina con el futuro haciendo señas. La noche en que los púgiles sienten la obligación de no fallar, de ir más allá de sus posibilidades, si es necesario.
Una noche como la que vivió Eddie Gazo frente a Miguel Ángel Castellini en 1977 o Rosendo Álvarez domando el mármol contra Chana Porpain en 1995.
Sentado sobre las ruinas del filipino Heriberto Gejón, con sus pistolas todavía humeantes, hinchado por la satisfacción de haber ofrecido una impresionante demostración de sus facultades en menos de dos minutos, “Chocolatito” (15-0, 15 KO) asegura: “Siento estar listo para disputar el título mundial de las 105 libras”.
Es como estar listo para un examen de Álgebra Superior o de Geometría Analítica, sin temor al manejo de cualquier tipo de ecuación, seguro de poder llegar a las soluciones. No subestima al japonés Yutaka Niida, ganador de 21 combates con tres empates y una derrota.
Claro que hay un detalle muy significativo, y es que Niida, aunque venció en dos ocasiones a Gejón, fue por decisión dividida en 10 asaltos y unánime en 12, es decir, tuvo que soportarlo todo el tiempo en contraste con la rápida definición de “Chocolatito”, la que provocó asombro.
“No esperábamos un nocaut tan pronto, pero Román estuvo súper-efectivo. Gejón quedó con un ojo inflamado. Si la pelea ha caminado largo, el sufrimiento del filipino hubiera sido agobiante”, apuntó Gustavo Herrera.
“Fue clave la preparación. Cuando dijimos que Román estaba bien afilado y que podría resolver el combate de diferentes maneras no estábamos exagerando. Realizó un buen trabajo. No fueron tantos los golpes, pero sí los necesarios para doblegarlo. Con los primeros jab acertó en el ojo, y con los ganchos lo destruyó. Así de simple.”, agregó Herrera.
En corto tiempo no se puede mostrar todo el armamento, pero Gustavo considera que fue mejor así, “para no asustar a los otros”, le dijo a Miguel Mendoza desde Tokio.
Aunque la pelea tenía una tolerancia de 108 libras, González movió la aguja hasta 106.7, próximo al límite de 105 que tiene su categoría. Subió al ring en 116 y se sintió bien tanto en velocidad como en poder de golpeo.
“Cuando todo terminó, lloré de emoción”, expresó el prospecto de 20 años que podría ser el próximo nicaragüense en conquistar una corona mundial de boxeo y con posibilidades de dejar huellas permanentes en su paso por los cuadriláteros.
Al amanecer del domingo en Tokio, pensando en acercarse al Paraíso, “Chocolatito” vio el sol más brillante y su futuro también.