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Goliat mató a David


Edgard Tijerino

Ahora que todo lo vemos claro, nos preguntamos: ¿Alguien esperaba que los Rockies derrotaran a los Medias Rojas en la Serie Mundial?.
Bueno, siempre hay un gran aprecio por los raptos de inspiración, sobre todo cuando se prolongan más allá de los cálculos más optimistas. Dice Jack London que a medida que vas creciendo en un esfuerzo, llegas a creer que no podrán detenerte y, en ocasiones, ocurre.
El mundo del béisbol, asombrado por los Rockies, llegó a pensar que podríamos estar en las puertas de algo espectacular: el peso mosca agigantado, tumbando al peso pesado.
¿Cuántas veces hubiera sido capaz David de vencer a Goliat? Cierto, no hubo revancha, pero usualmente, Goliat lo habría derrotado.
En el primer juego, Josh Beckett les quitó la honda y las piedras a los Rockies. Su pitcheo de seis hits y sólo una carrera en siete entradas, con nueve ponches, contó con el respaldo del jonrón de dos carreras disparado por Dustin Pedroia, y Goliat se impuso en forma aplastante 13 por 1.
En ese momento fue necesario entrar en consideraciones y rascarse la cabeza. Jeff Francis, el estelar ganador de 17 juegos, y Franklin Morales, fueron apaleados sin piedad y salieron del Fenway con sus brazos retorcidos.
El segundo juego ofreció otra imagen. Ubaldo Jiménez se fajó bravamente con el veterano de mil batallas, Curt Schilling, quien en casos de exigencia siempre parece ser uno de los hombres de Leónidas el de las Termópilas. Ganó Goliat 2-1, sudando y cojeando, con David mostrando su peligrosidad.
Cualquier duda fue despejada por Boston con esa ofensiva de seis carreras en el tercer inning del siguiente juego, destrozando el pitcheo de Josh Fogg, mientras el enigmático japonés Daisuke Matsuzaka dibujaba cinco ceros con el pincel de Goya, antes de flaquear en el sexto.
Imponiéndose con autoridad 10-5, Goliat se adelantó 3-0 en la Serie y colocó a David contra las cuerdas, con la nariz sangrante y las costillas crujiendo.
Y en el cuarto duelo, John Lester trabajó seis entradas con una gran habilidad, mezclando sus lanzamientos, mientras Goliat, a pellizcos, construía una ventaja de tres por cero contra el abridor de Colorado Aaron Cook.
David trató de levantarse de la lona con jonrones de Brad Hawpe y Garret Atkins, pero el estacazo de Bobby Kielty estableció la diferencia y con victoria ajustada 4-3, Boston aseguró el banderín de Serie Mundial.
El factor sorpresa que estuvo creciendo alrededor del impulso mágico de un equipo que desde mediados de septiembre fue dejando un reguero de “cadáveres”, se vió desvanecido por la furia de Goliat.

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