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Urge otro Throneberry


Edgard Tijerino

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Ya se escucha el rugido del ¡Play Ball! Salta al tapete la pregunta: ¿cuántos peloteros importados impactarán? En la primera temporada de esta nueva etapa del béisbol profesional, ninguna contratación fue realmente impresionante. Y tampoco en la segunda.
Claro, se vieron muy buenos peloteros, pero ninguno capaz de volcar al público hacia las ventanillas de boletos hasta que en la tercera edición, Clyde Williams después de un inicio incierto, se instaló en “el ombligo” del show, empujando al Bóer a la conquista del banderín.
Ahí está fija en nuestros recuerdos la figura de Marvin Throneberry, el explosivo inicialista de los Tigres del Cinco Estrellas que incendió nuestro béisbol en la temporada 57-58 con un bateo destructivo.
El prospecto de los Yanquis, que había debutado en las Mayores en el cierre de 1955 antes de estar en 60 juegos con ellos durante la temporada de 1958, se coronó campeón bate y fue líder jonronero, siendo superado ajustadamente en empujadas por Manuel Antonio Díaz, el popular “Copa Castillo”. Su superioridad fue siempre fácil de captar.
Con las mangas de su camisa recortadas y una gran presencia física, Throneberry se convirtió en un mata-pitcheres provoca escalofríos. El “vamos a ver batear a Throneberry” fue el más grande y efectivo “gancho publicitario” de aquella Profesional.
No sólo vivimos pendientes de Throneberry. Artilleros del calibre de Rogelio “Borrego” Álvarez, Felipe Montemayor, George Scott, Larry Novak y Harry Simpson, bateadores finos como Lorenzo “Chiquitín” Cabrera, que estableció récord de porcentaje en Series del Caribe, Manuel Antonio Díaz y Cal Emery, garantizaron suficiente brillantez dejando huellas imperecederas.
Urge un pelotero impacto como Throneberry, Montemayor, Scott o “El Borrego”. Esa es una posibilidad que estará latiendo mientras se revisan nombres y se hacen cálculos sobre lo que podemos presenciar.
En principio, Clyde Williams del Bóer por sus antecedentes y Jimmy Hurst del San Fernando por las expectativas fabricadas, podrían encender esta cuarta liga.
En 1956, cuando se puso en marcha el béisbol profesional, uno de los hechos más relevantes fue la fiera batalla por el liderato de bateo entre el cubano Rolando Olmos, del Bóer, y el dominicano Domingo Vargas, del Cinco Estrellas.
Vimos en acción a dos peloteros que fueron Novatos del Año en las Grandes Ligas, Ronnie Hansen y Lou Piniella, dos ganadores del Cy Young como Ferguson Jenkins y Miguel Cuéllar, y un Más Valioso, Zoilo Versalles. Agreguen un grueso número de futuros big leaguers como Cal Emery, Jim Hicks, Deacon Jones, Jack Kralic, Phil Reagan y otro rollo.
Amigos, ese béisbol que vimos entre 1956 y 1967, fue para aficionados y cronistas, sin exagerar, una fantasía histérica.