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El factor Beckett, clave


Edgard Barberena

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Hay algo que se llevó el viento y ha carcomido el tiempo. Algo que fue impresionante durante largo rato: la incidencia de un “as” de staff en una Serie Mundial.
¡Ah, tiempos aquellos cuando se utilizaba una rotación de tres brazos en los Clásicos de octubre! Usualmente, el “pistolero” número uno, trabajaba como abridor en el primer juego, en el cuarto y en el séptimo, cuando la serie se alargaba al tope.
La más grande hazaña monticular es la de Christy Mathewson, de los Gigantes, quien construyó tres blanqueos en seis días contra los Atléticos de Filadelfia durante la Serie Mundial de 1905, cuando las bolas todavía no venían en cajas cuadradas.
¿De qué tipo de material estaba hecho el brazo de Mathewson para dibujar 27 ceros entre el 9 y el 14 de octubre?
Ahí tienen a Bob Gibson. El veloz y temido tirador moreno de los Cardenales de San Luis, dueño del récord de 17 ponches en un juego de Serie Mundial, abrió tres juegos en cada uno de los Clásicos de 1964 contra los Yanquis, 1967 frente a los Medias Rojas y 1968 retando a los Tigres de Detroit.
¿Qué fue lo asombroso? Que después de caminar ocho entradas toreando a los Yanquis en el primer juego de 1964, Gibson realizó ocho recorridos completos consecutivos ganando siete veces mientras atravesaba por las Series del 67 y el 68, pese a perder el último juego superado por Mickey Lolich.
Lew Burdette, de los Bravos de Milwaukee, fue la figura cumbre en la Serie de 1957 derrotando tres veces a los Yanquis, cerrando con dos blanqueos, utilizando apenas dos días de descanso. Eso es improbable en estos tiempos.
El último ganador de tres juegos en un Clásico fue el zurdo Randy Johnson en el 2001. Lo logró trabajando desde la colina de los Cascabeles de Arizona contra los Yanquis, pero su tercer triunfo fue como relevista por un inning y un tercio.
Con el nudillista Tim Wakefield descartado, el timonel de los Medias Rojas Terry Francona, podría regresar al viejo estilo de tres abridores con Josh Beckett, Curt Schilling y Daisuke Matsuzaka, lo cual proporcionaría al “factor Beckett” una importancia mayúscula.
La pregunta es: ¿será capaz Beckett de tener el suficiente fuego, la cuerda necesaria y la adrenalina suficiente para abrir y socar en tres juegos? Hace rato, no se ven “Dinosaurios” en las colinas.
Obviamente no se trata de abrir tres veces, sino de responder creciendo. Beckett con tres victorias sin derrota en esta postemporada y un fulgurante promedio de 1.17 en efectividad, es el hombre para la tarea si la Serie se extiende hasta el presionante séptimo juego.