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Schilling ofrece su corazón


Edgard Tijerino

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“¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón”.
Puede que Curt Schilling no haya escuchado a Mercedes Sosa interpretando esa linda canción de Fito Páez, pero seguramente eso estará pensando cuando suba hoy a la colina de los infartos en el Fenway Park de Boston, buscando cómo responder a las expectativas y alargar la serie por el banderín de la Liga Americana a la séptima batalla.
“Tanta sangre que se llevó el río. Yo vengo a ofrecer mi corazón”.
¿Podrá el veterano Schilling, que estuvo en el desembarco de Normandía, fajarse con un joven león en plenitud, hambriento de grandeza y con el propósito de sepultar a los Medias Rojas como Fausto Carmona, el dominicano ganador de 19 juegos y dueño por ahora de una confianza exuberante? Esa es la gran esperanza del manager Terry Francona y de las legiones de seguidores del equipo que vio comenzar a agigantarse a Babe Ruth, impactar a Ted Williams y establecerse como súper astro a Carl Yastrzemski.
“No será fácil, ya sé qué pasa. No será simple”, continúa la canción.
Obviamente el reto es mayúsculo, pero Schilling ha estado en ese punto neurálgico muchas veces y sabe cómo crecer. Cierto, falló en su primer intento permitiendo cinco carreras en cuatro entradas y dos tercios, pero también flaqueó Carmona, afectado por cuatro anotaciones en cuatro episodios. Así que, el viejo “matador” y la nueva “fiera” llegan heridos a este duelo. Ojo, puede ser algo grandioso.
“Como abrir el pecho y sacar el alma”.
Schilling ha probado su bravura reiteradamente, ha trabajado con un tobillo sangrante ignorando el dolor, como lo hacía Mickey Mantle, está acostumbrado a enfrentar dificultades y superarlas. Su alma ha salido al rescate galvanizándolo. Hoy estará pidiéndole inspiración a su brazo derecho, ese látigo por tanto tiempo tan respetado. ¿Schilling o Johnson? Daba lo mismo en aquellos Cascabeles de Arizona vencedores de los Yanquis en 2001.
“Daré todo. Algo que me alivie un poco más”.
Esa es la obligación de los exigentes con ellos mismos, de los que pretenden ir más allá. Y no es patrimonio exclusivo de Schilling, porque Carmona también avanza en esa dirección. Con la presión al máximo, a diferencia de lo ocurrido en el segundo juego, Schilling y Carmona pueden conseguir llevar su pitcheo hasta puntos de ebullición.
Ojalá estemos en las puertas de un duelo como aquel inolvidable entre Jack Morris y John Smoltz en el séptimo juego de la Serie Mundial de 1991.
“¿Quién dijo que todo está perdido? Vengo a ofrecer mi corazón”. ¡Qué linda canción!