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Kaká se consolida


Río de Janeiro / EFE
Kaká está lejos de todos los tópicos aplicados a los futbolistas brasileños, pero por su calidad abrumadora está llamado a robarle protagonismo a Ronaldinho Gaúcho y también a Robinho, el “preferido” de Dunga.
Tanto por sus rasgos físicos como por su estilo de juego fuerte, directo y vertical, que siempre se dirige al gol a la vez que huye de malabarismos y florituras, Ricardo Iczeson Santos Leite “Kaká”, responde más a los cánones del fútbol europeo que brasileño.
Tampoco sigue los pasos de otros ídolos de Brasil, como Romario, Ronaldo o Ronaldinho, a los que se les ha acusado, alguna vez, de dejar afectar su juego por su afición a las fiestas.
Kaká no sale, no bebe y es profundamente religioso. Dedica todos sus goles a Dios, a raíz de un accidente en el que casi se queda paralítico cuando era sólo un niño.
Además, el mediapunta nació lejos de una favela, en un exclusivo barrio de la capital brasileña, Brasilia, y no tiene a sus espaldas una conmovedora historia de superación.
Quizá el estilo de juego de Kaká, atípico en Brasil, se pueda explicar por el hecho de e haberse criado lejos de los terrenos escarpados por los que se derraman las favelas de Río de Janeiro.
Los habitantes de estas barriadas están orgullosos de la “ginga”, el movimiento de caderas que se hace necesario para subir por sus cuestas y que es común tanto a la samba como a las “bicicletas” de Robinho.
Kaká carece de esa “gracia”, pero ha conseguido ganar la adoración de su afición y el reconocimiento del mundo entero, porque cada vez que la pelota llega a sus pies consigue hacer que le tiemblan las piernas a la defensa rival.
Tiene la virtud de recoger la pelota en el medio campo y guiarla hasta el área rival con velocidad y sin un movimiento más de los necesarios.
En la frontal del área es donde demuestra más recursos. Es capaz de dar un pase certero al compañero mejor colocado, para dejarlo a solas con el portero, o de soltar su pierna y fusilar con precisión desde media distancia.
Esa capacidad para rematar de lejos también rinde frutos en los lanzamientos de falta, que Kaká ejecuta con fuerza y colocación, lo que le ha garantizado muchos tantos en la liga italiana.
Estas virtudes le han llevado, a sus 25 años, a jugar dos finales de la Liga de Campeones con el Milán y ganar una.
Es firme candidato para recibir este año el “Balón de Oro”, de la revista francesa “France Football” que reconoce al mejor jugador en ligas europeas.
Pero antes, con 19 años, ya ganó el premio al mejor jugador de la liga brasileña, jugando con el Sao Paulo, y el año pasado obtuvo el premio al mejor jugador de la Liga de Campeones.
Con la selección, ya estuvo como suplente en el Mundial de 2002, ganado por Brasil, pero prácticamente no jugó.
Un año después, el Milán se fijó en él y desembolsó 8.5 millones de dólares por su fichaje, una cantidad irrisoria comparada con los 100 millones que ha llegado a ofrecer el Real Madrid por él este año.
En el Mundial de Alemania, Kaká todavía no llevaba la vitola de gran protagonista de la “canarinha”, pero tras el cambio generacional que impuso el técnico Dunga, el de Brasilia está llamado a ser el faro que guíe a la nueva selección.
Sin embargo, su petición de ser dispensado de la última Copa América, disputada el pasado julio en Venezuela, va a hacer que le cueste ganarse el puesto.
Robinho es el preferido de Dunga, porque él sí aceptó liderar la selección en la Copa América y porque, según el técnico, “encarna los valores del fútbol brasileño”.
Pero Robinho no es tan resolutivo como Kaká, y eso Dunga lo sabe.
Además, el otro astro de la selección, Ronaldinho, está rodeado de dudas y polémicas en su club, el Barcelona español, que podrían repercutir en la selección.
Ajeno a toda polémica, este brasileño “europeo y atípico” tiene todo para el líder de la “verde-amarilla” durante las eliminatorias y también en el próximo Mundial.