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Hay tantos culpables


Edgard Tijerino

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El peor pecado de los Yanquis es no ganar año tras año la Serie Mundial. Me pregunto: ¿hubieran estado los Bombarderos en la diputa de 39 series mundiales con el formato actual? ¡Diablos!, teniendo que atravesar previamente series de cinco y siete juegos, la respuesta es: improbable, aunque me inclino mucho por otro término más drástico: imposible.
Todo fracaso obliga a la búsqueda de culpables, y éste de los Yanquis no es la excepción, aunque con un agravante: son muchos los condenados. No incluyo entre los principales al manager Joe Torre, que manejó por casi toda la temporada un equipo con su pitcheo tan averiado, que con Pavano fuera, Igawa siempre flaqueando y Mussina lesionado e inseguro, lo hizo utilizar a media docena de tiradores novatos, varios de ellos muscularmente afectados en el intento de salir del hoyo.
Los Yanquis reaccionaron espectacularmente después del Juego de Estrellas, borraron un déficit que llegó a ser de 12 y medio juegos, colocándose a sólo uno de Boston antes de entrar a la recta final de septiembre.
La tropa de Torre, con Alex Rodríguez encendido capturando dos coronas y considerado un fijo Más Valioso, con Melky Cabrera creciendo, Damon funcionando como lead-off, Jeter siempre productivo, Posada convertido en el cuarto mejor bateador de porcentaje de la Liga, Cano haciéndose sentir, Matsui de regreso, Abreu aportando, el chavalo Chamberlain impactando, Ming Wang ganando y Rivera reconstruido, registró el tercer mejor balance de la temporada, 94-68, a sólo dos juegos de Boston -–que ganó su primer banderín de división en 12 años-- y de Cleveland.
Los del Bronx eran favoritos sobre los Indios, no por ser un equipo de más de 200 millones de dólares contra uno de 60, sino por superarlos en valoración por posiciones y haberlos barrido en los seis duelos que sostuvieron en la temporada.
¿Quién iba a pensar que Jeter, Posada, Matsui y Cabrera batearían debajo de los .200 puntos, que Rodríguez sólo impulsaría una carrera, que Abreu despertaría muy tarde, que Ming Wang se hundiría estrepitosamente dos veces, que Chamberlain con o sin mosquitos no fuera tan dominante como se esperaba, que Clemens se lesionara? Todo fue infernal para los Yanquis.
¿A cuántos culpar por el naufragio?, es una pregunta enloquecedora para Steinbrenner, quien en medio de los escombros aprovecha para salir de Torre porque es el manager mejor pagado de todos los tiempos, con 7 millones de dólares.
Con Rivera, Pettite y Posada como agentes libres, descartado Clemens, en dificultades con Rodríguez, el jefe se encuentra frente a un gigantesco tablero de ajedrez. ¿Cuáles serán sus próximos movimientos? Posiblemente ni él los sabe.