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¡Mortífero!


Edgard Tijerino

¿Qué es lo que vimos anoche? Los bateadores de Anaheim tratando de quitarse la venda de sus ojos, turno tras turno mientras le pedían algo de luz a la luna llena. No había tal venda y el estadio siempre estuvo iluminado. Sencillamente el pitcheo de Josh Beckett fue cegador y, por supuesto, mortífero.
Cada uno de los lanzamientos del derecho ganador de 20 juegos llevaba ese inconfundible “olor” a cicuta y los artilleros de Anaheim fueron muriendo “envenenados”.
Ganó Boston 4-0, con ese Beckett luciendo inmenso como el Himalaya y jonrones de Kevin Youkilis y David Ortiz, más una oportuna estocada de Mike Lowell, para tomar ventaja en la serie de cinco juegos, mientras Daisuke Matsuzaka, forjador de 15 victorias, ya está calentando para meterse mañana a las brasas en busca de inclinar más la balanza de posibilidades del lado de los Medias Rojas.
Ese que vimos era el Beckett de 2003 que aturdió y sepultó a los Yanquis con un pitcheo autoritario, facilitándole a los Marlins su segundo título de Serie Mundial, pero debidamente aumentado y corregido. Caminó toda la ruta dibujando nueve ceros, limitando a cuatro hits, dos del habitualmente indomable Vladimir Guerrero, la ofensiva de Anaheim.
Chone Figgins le abrió el juego con hit. Beckett rascó el montículo con sus spikes, hizo escuchar el rechinar de sus dientes y con su mandíbula cuadrada fue a fondo. Retiró a 19 en fila en un alarde de control y dominio, hasta que Vladimir Guerrero, que había fallado dos veces con roletazos intrascendentes, después de faulear dos lanzamientos improbables por su grado de dificultad, le pegó en la nariz a una bola rápida haciéndola zumbar entre short y tercera.
Quienes no votaron por Beckett para el Cy Young de la Liga Americana deben estar rascando sus cabezas o golpeándolas contra las paredes. Es difícil imaginar un pitcher mejor que ese visto anoche.
El jonrón de Youkilis sin embasados en el cierre del primer inning fue un gran soporte para Beckett, y el de dos carreras conectado por Ortiz después de un doblete de Youkilis en el tercero lo sentó en la butaca. Para mayor tranquilidad, boleto a Manny Ramírez, un wild pitch y hit de Mike Lowell ampliaron la ventaja 4-0.
No fue John Lackey el pitcher casi perfecto en su accionar --como Koufax frente al inspirado Bob Hendley-- que se necesitaba para fajarse con Beckett, quien regresó a su nivel de invencibilidad mostrado en el arranque de la temporada.
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