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Las mentiras del boxeo


Edgard Tijerino

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La gran intriga largamente actualizada en el mundo del boxeo rentado es: ¿Cómo sostener el negocio consiguiendo inyectarle atracción al espectáculo frente a una alarmante escasez de figuras?
Puede que la fórmula para resolver esa ecuación no se encuentre en las cátedras de Harvard o de Oxford, pero sí en la Universidad de las calles, en esa en la que se cultivó un hombre con tanta destreza empresarial en el terreno del boxeo como lo es Don King, que posiblemente nunca ha leído a Stiglitz, ese genial analista de la economía mundial, pero que, al igual que otros, sabe cómo sacarle jugo productivo a un pedazo de mármol.
Si la política es el arte del engaño, el boxeo está muy próximo. ¿Cuándo fue que escuché a alguien --apoderado, boxeador o promotor-- admitir que no estaba bien preparado, que enfrentaba problemas de peso y que consecuentemente no garantizaba nada?
Al contrario. Ellos siempre aseguran estar al máximo de sus revoluciones por minuto, sin dificultades con la báscula y seguros de mantener elevado el voltaje de las tribunas. De no ser así, ¿cómo vender boletos y conseguir buenas bolsas?
Luis Pérez atravesó complicaciones para poder llegar a las 118 libras, límite entre los gallos, pero al día siguiente, el de la pelea, le permitirían muy temprano 128 libras y seguramente, andaría por las 130 al subir al ring.
Gran mentira: dos peleadores de la categoría Ligero Junior, disputando el cinturón Gallo, con un agregado dramático, Luis no estaba en forma y tampoco había superado el sobrepeso…Pero, ¿qué es lo raro si eso ocurre siempre? Claro, es necesario distribuir bien la tolerancia del exceso de peso para sostener la multiplicación de divisiones que agranda el negocio y facilita buenas bolsas más allá de la escasez del material humano de calidad que antes abundaba, cuando la pobreza no era tan dura como ahora.
Antes de la revancha con “Finito” López en Las Vegas, igual que Mayorga en Nueva York, Rosendo juró estar en plenitud y con el peso controlado. Incluso se molestó seriamente con el periodismo. Finalmente, todo lo que nos dijo fue falso, como ocurrió con Pérez.
¿Cómo es posible que hasta después de ser azotado se diagnostique que un peleador no está en condiciones de pelear? ¿Quién revisó los cadáveres de Kid Paret, Davey Moore y Doo Kim? No se debería de sancionar a esas Comisiones. No, lo hacen con el púgil.
Diablos, ¿qué es lo cierto en el boxeo actual? Ni el ordenamiento de los rankings, ni los méritos de campeones y retadores.