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“Seguir era peligroso”


Carlos Alfaro

Luis Pérez terminó el séptimo round a duras penas. Sus piernas estaban a punto de claudicar y su mirada de apagarse. Fue entonces cuando el médico del ring, Smith Ketchum sugirió poner fin a la pelea, y así fue como todo llegó a su final.
“Ya lo había visto en el sexto round y sus pupilas respondían lentamente ante cada cosa que le decía que hiciera, lo que me preocupó bastante”, dijo el médico.
“Luego en el round siete volví a revisarlo a través de sus pupilas y estaban más lentas que en el round anterior, eso se combinó con fuertes golpes que recibió en la cabeza, obligándome a detener la pelea”, añadió el galeno.
Fue la decisión apropiada del combate, perdón, de la masacre… Al ver a la esquina de Luis aferrados a un “golpe milagroso” que revertiera el destino del combate, la situación se tensaba para el médico al ver a Pérez soportando una severa paliza, que pudo haber desembocado en algo trágico.
Pérez una vez terminada la pelea, fue llevado a un centro asistencial para un chequeo por la golpiza recibida.
Algo obvio, era que la esquina de Pérez no iba a tirar la toalla. Siempre corajudo, Luis no rehusaría al combate y su esquina no iba a tener el valor de hacerlo.
Pérez no ganó un solo asalto, y se unió a boxeadores como Adonis Rivas y Eduardo Márquez, que siendo campeones del mundo, no ganaron un solo asalto cuando perdieron sus coronas.
Adonis falló en todos los episodios al sucumbir ante el argentino Omar Narváez, mientras que Marquecito fue noqueado por el boricua Iván Calderón.
Agbeko, luego de la pelea comentó que si el referi no detenía la pelea, él lo hubiera hecho porque sabía que ya Luis no estaba en nada, y que no le resistía la pegada.
El colega Miguel Mendoza, de radio La Primerísima, señaló que ayer volvieron a pesar a los boxeadores y debían marcar 128 libras. Pérez marcó 128 y media, por lo que otra vez tuvo que “trabajar” para bajar esa media libra.