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Padilla, fiero competidor


Arlingon, Texas
En menos de dos años he viajado cuatro veces a Arlington, la razón siempre es la misma, ver lanzar y más tarde hablar con ese fenómeno nicaragüense que se llama Vicente Padilla.
¿Creen que exagero? Más allá de sus cifras, dos temporadas de 14 y una de 15, sus nueve campañas en las Mayores, su contrato millonario, las opiniones de los que saben sobre su talento, de sus casi 100 millas y de su futuro siempre prometedor, está su espíritu.
Puede traicionarme la admiración particular, la valoración delicada de una carrera explosiva, del vínculo periodístico que hemos tenido desde que está en las Menores, pero creo saber que Vicente Padilla es un fiero competidor.
Si fuera sólo por su naturaleza, Padilla ya no sería un big leaguer. Detrás de esa apariencia dura y silenciosa se esconde un hombre esforzado, no sólo porque se levanta a las cinco de la mañana o porque entrena durante cuatro horas entre el gimnasio y el campo, no sólo porque Dios le dio una escopeta por brazo dejó de ponerle cartuchos, no sólo porque lo tiene todo se ha conformado.
Su refrigerador de dos puertas está lleno de frutas, de bebidas energizantes, de vitaminas y puede que alguna botella de vino. De carne y hueso, pero no despega los ojos en su futuro, al menos se percibe que sabe lo que quiere. En la sala de su casa una máquina de ejercicios se interpone entre el gigantesco televisor de pantalla líquida que ocupa para observar a sus adversarios.
Entrena, estudia, pregunta, le pone el extra y de paso le va mal. No quiere ser un número y sabe que puede ser mejor, pero también sabe que puede fracasar en ese intento. Lanzar con dolor por no demostrar debilidad por muy imprudente que parezca, sólo refleja su espíritu competitivo.
Es cierto, otros a la menor señal se van al suelo.
Padilla conoce el negocio ahora, pero en un tiempo fue solo. Sin idioma, sin dinero, sin familia, en una sociedad distinta a los valles donde se crió en Chinandega. ¿Cuántos casos así ha visto nuestro deporte? El otro día mencionaron a Porfirio Altamirano, pero al mismo tiempo reconocieron que su esposa, una mujer de gran preparación fue su luz.
Usted no sabe que Padilla entró a rehabilitación sin que Texas le diera una solución de cómo recuperarse. Padilla no estaba logrando mejorar con el tratamiento que el equipo le daba y tuvo que buscar remedio en su amigo, el fisioterapeuta Carlos Sánchez, un mexicano que ha trabajado con peloteros de la talla de Michael Young, Mark Teixeira, Pedro Astacio, Luis Ayala y que es el alumno más avanzado del masajista de Roger Clemens.
Sánchez había trabajado con Padilla en el spring de la campaña de 15, pero este año no le ofreció trabajo. Cuando lo llamó, Carlos estaba haciendo terapia a Alex Escobar, de los Nacionales de Washington.
Padilla volvió a lanzar 97 millas por hora y la bola se le mueve con autoridad. Si no, pregúntenle a Alex Gordon y a Curtis Granderson cómo vieron que una bola iba a su cuerpo y de repente estaba en la zona. Sin embargo, Washington se quejaba porque estaba lanzando curvas de 57 millas por hora.
“A mí no me gusta ni que me fouleen la pelota, pero enfrente hay gente que está defendiendo su trabajo, sus grandes contratos y su reputación. Es una batalla feroz”, cuenta Padilla al referirse a la competencia que hay afuera.
Entiendo que Texas se moleste con Padilla porque no gana, pero eso no justifica el que se sientan ofendidos porque el golpe fue en la primera entrada y que incluso excluyan de la responsabilidad al propio manager, sólo porque el año pasado era coach de Oakland.
Grant también asume que sus compañeros de equipo están molestos porque Padilla tiene una actitud indiferente. Texas tuvo 13 abridores distintos este año y al menos sus cinco primeros abridores entraron a la lista de lesionados.
Al fanático le frustra saber que sus figuras no van más allá de sus expectativas y es comprensible, pero que no le quede la menor duda de que a pesar del negativo entorno que rodea al nica, lo vemos sacrificándose como si fuera el primer día.
Y si les sirve de consuelo, el próximo año será mejor. Aunque suene a promesa de político, sepa que si hay alguien capaz de crecer más de lo que imaginamos es Padilla, eso lo sabe él mejor que usted y que yo.