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Mourinho deja al Chelsea


ELPAIS.com
Madrid / Londres
A las 10.45 (hora local) y con el rostro escondido bajo su impermeable mientras avanzaba entre una nube de fotógrafos y periodistas, José Mourinho ha puesto fin a su etapa al frente del banquillo del Chelsea. Y así lo ha confirmado el equipo en un comunicado en su página web. Las presiones internas, las discrepancias con la directiva que preside Roman Abramovich y los resultados deportivos en el inicio de la temporada han dinamitado el vestuario, y el técnico portugués cede su sitio al, hasta ahora, director deportivo del club y amigo personal de Abramovich (según The Times), el israelí Avram Grant, fichado en el verano de 2007.
"Queda claro que hemos alcanzado un punto en el que las relaciones entre el club y José están rotas. Esto ha sido así a pesar de los sinceros intentos por todas las partes de resolver las diferencias en los últimos meses", explica el Chelsea. La razón por la que se ha tomado esta decisión es que creímos que la ruptura empezaba a afectar el rendimiento del equipo y los recientes resultados apoyaron esta perspectiva. No quisimos que esto continuara o afectara al club más", reza el comunicado.
De esta forma y "complacido por la experiencia de Avram", el Chelsea ha puesto fin a la etapa Mourinho, de tres años de duración, "por mutuo consentimiento", para iniciar otra con la confianza de que el nuevo entrenador devolverá el fútbol ganador y espectacular pretendido por el magnate ruso. Una decisión que, por parte del entrenador luso, ya estaba tomada desde hacía algún tiempo. De hecho, 'Mou' ya adelantó su decisión al capitán del equipo, John Ferry, y a otros jugadores importantes de la plantilla.
Con todo, Mourinho no se va con las manos vacías. La rescisión de su contrato con el Chelsea, con el que estaba vinculado todavía por tres temporadas, podría llegar a los 35 millones de euros. Siempre, reiterado por el club inglés en varios fragmentos del comunicado, "por consentimiento mutuo".

Mourinho, el huraño de la Premier
Conocido en el país del té por su mal humor, gesto contrariado y actitud revanchista, Mourinho arribó a Londres con la experiencia de preparador en el FC Barcelona de Bobby Robson y de técnico del Oporto, con el que consiguió dos Ligas, una Copa, una UEFA y una Copa de Europa. Tres laureles que llamaron la atención en Inglaterra. Hasta allí se fue; en la cabeza, una sola idea: revolucionar la jerarquía del fútbol británico, hasta entonces duopolizado por Liverpool y Manchester United.
El objetivo, a priori, no debía retrasarse, sobre todo con el aval multimillonario de Abramovich. Pero ni los cracks, ni su imagen de enfant terrible (chaqueta ajustada, corbata desencajada y look entre desenfadado e inmaculado) ni el caché de un club que arrasaba allá donde iba con su muro defensivo llenaron las vitrinas del Chelsea: tan sólo dos títulos a nivel doméstico -dos Ligas, en 2005 y 2006-. La Copa de Europa, el sueño de Mourinho no llegó. Y a esta escasez de títulos se unió el temperamento del portugués.
En los anales del fútbol anglosajón quedarán los cruces de declaraciones con Alex Ferguson, las acusaciones a cualquiera que intercediera en los intereses del club, los maniqueos y los dardos lanzados a la prensa con la intención de desestabilizar a los rivales.
Sobre su futuro, algunos analistas portugueses de fútbol comentaron que Mourinho podría convertirse en el nuevo seleccionador de Portugal, aprovechando la coyuntura polémica que rodea al seleccionador brasileño Luis Felipe Scolari, tras el incidente con el defensa serbio Dragutinovic al final de partido de clasificación para la Eurocopa de 2008 del pasado día 12.