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¿Por qué lo abuchean?


Edgard Tijerino

dplay@ibw.com.ni

Vivimos entre rarezas, o es que somos raros. Votamos por tipos nada recomendables para que nos manden y abucheamos a quienes pueden servirnos de ejemplo. ¿Qué es lo que estamos haciendo con nuestro presente que es la base del futuro?
El domingo, en el estadio de Granada, Denis Martínez fue abucheado una vez más. La pregunta natural es: ¿por qué lo abuchean?.. Si las ovaciones se ganan con merecimientos, los abucheos tienen que tener una explicación.
En un país tan urgentemente necesitado de ejemplos, Denis Martínez aparece en pantalla como uno de ellos. No me refiero a las cifras que construyó en su largo tránsito por las Mayores, sino a su transformación y sostenimiento como una persona de bien, algo más difícil que lanzar un Juego Perfecto o apuntarse 245 victorias.
Un hombre que supo detenerse a tiempo mientras se deslizaba hacia la oscuridad, que reflexionó, que decidió enderezarse, que sepultó sus debilidades, que supo proyectarse y conseguir admiración y respeto, que ha sido consecuente con sus actitudes religiosas, no puede ser abucheado.
Un jefe de familia que ha sabido educar a cuatro hijos a través de las exigencias que plantea el tratar de ser bueno; alguien entregado corazón abierto durante la larga y fructífera relación con su única esposa, Luz Marina; un hombre respetuoso, interesado en mantenerse distante de problemas, no puede ser abucheado.
¿Cuándo lo hemos visto involucrado en un escándalo, atrapado en una desviación, jactándose de ser un fuera de lo común, buscando cómo acercarse a los todopoderosos?
Será que quienes lo abuchean son más grandes como personas, más ejemplares en sus casas y en sus trabajos, y con mayor rendimiento, que lo subestiman con sus abucheos.
O será que, al no poder ser como él, se molestan, se incomodan, se sienten tan empequeñecidos, se frustran y lo rechazan sin explicación. Pregunto: ¿Tiene culpa Denis de la mediocridad de ellos y su falta de éxito? No creo que piensen mejorar un centímetro abucheándolo.
Denis Martínez fue un orgullo para sus padres, lo es para sus hijos, para su esposa, lo sigue siendo para sus amigos y para el deporte. Es granadino y disfruta con los triunfos del equipo de esa ciudad. Su humildad, esa que lo hace moverse con sigilo y le permite considerar a los nuevos nicas que se abren paso en busca del estrellato, mejores que él, es la que lo impulsó a bajar al terreno y meterse al dogout de los tiburones para juntarse al festejo.
No era ese un momento apropiado para volver a abuchearlo. Aunque tampoco lo hubiera afectado. Él está por encima de esas miserias.
Quienes lo abuchean sin soporte saben que es muy difícil ser como él. Eso sí, deben entender que no es su culpa.