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Nigeria tricampeón Sub-17


SEÚL / AFP
Nigeria ganó su tercera Copa del Mundo Sub-17 de fútbol al derrotar al campeón europeo España por penales 3-0, tras igualar sin goles durante el duelo decisivo del domingo en Seúl, donde los españoles sin su crack Bojan se frustraron por tercera vez en la historia de una final.
Los nigerianos alcanzaron el récord de tres títulos que tiene Brasil gracias a una noche iluminada de su arquero Oladele Ajiboye, quien paró dos remates en la definición por penales y se convirtió en el héroe de la gran final, tras la cual el atacante Macauley Chrisantus ganó la Bota de Oro con siete dianas.
Las 'Aguilitas Verdes', campeones mundiales en 1985 y 1993, pero también finalistas en 1987 y 2001, agregaron una merecida estrella a su palmarés que los deja compitiendo cara a cara con los auriverdes por la hegemonía mundial en esta categoría.
En el partido por el tercer puesto, Alemania derrotó 2-1 a Ghana, con un gol en el tiempo de descuentos.
El artillero alemán Toni Kroos, mediocampista del Bayern Múnich, ganó el Balón de Oro al mejor jugador del certamen, delante del nigeriano Chrisantus y del español Bojan.

Brasil derrota 4-2 a EU
Chicago / AFP
Brasil aprovechó todo el talento de Ronaldinho y compañía para derrotar a Estados Unidos 4-2 en partido amistoso jugado la tarde del domingo en el estadio Soldier Field de Chicago.
Los goles auriverdes fueron marcados por Lucio (54), Ronaldinho (75), Elano (90) y Oguchi Onyewo (autogol, 33), mientras que por los estadounidenses descontaron Carlos Bocanegra (21) y Clint Dempsey (73).
Brasil continuará en territorio estadounidense para enfrentar el miércoles próximo a México en Boston.

Suspenden por lluvia
El partido amistoso entre las selecciones de fútbol de México y Panamá fue suspendido ayer domingo tras disputarse los primeros 45 minutos por la intensa lluvia que caía en el estadio Cuauhtémoc de la ciudad mexicana de Puebla (centro) cuando el 'Tri' vencía por 1-0.
El gol fue anotado en propia puerta por el defensor Felipe Baloy en el minuto 33, cuando un balón despejado por el arquero Jaime Penedo en un saque de esquina le rebotó en la espalda.
A partir de ese momento la lluvia que acompañó al partido desde el primer minuto se intensificó y la cancha se convirtió en una piscina donde fue imposible jugar.