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Una “fiera” bajo presión


Edgard Tijerino

¿Quién ha sido, en el concierto estrictamente casero, el mejor pitcher para un juego crucial? En cada época hemos tenido nombres diferentes y el material para discutir es amplio, pero en los años 80, esa pregunta tenía una respuesta unánime: Julio Moya.
Y algunos agregarían en un alarde de confianza: Incluso, con sus tragos... Yo lo creo, y seguramente también, Noel Areas.
Alguien dijo: “Permítanme un punto de apoyo y moveré el planeta” y pocos le creyeron. Ah, con Arquímedes funcionando como manager de la Selección Nacional, su palanca fundamental para ganar una serie corta o larga, un campeonato, un duelo de vida o muerte, hubiera sido Julio Moya.
Él logró juntar localización, astucia, valentía, información y destreza, para sujetar al bateo enemigo. Dueño de una recta con movimientos deslizantes lo necesariamente desconcertante, una curva de corto trazado pero muy obediente y el manejo oportuno de un cambio de velocidad, Moya podía ser definido como un pitcher de control, corazón y cerebro.
¿Quién no recuerda aquella semifinal frente al COIP, durante la cual se apuntó las tres victorias en una serie pactada a cinco batallas?.. ¿Y sus tres triunfos en la final del cuarto Pomares, silenciando la batería sureña?.. ¿Y los otros dos, más un rescate frente a la Costa en el cierre del quinto torneo?
¡Diablos! ¿Cómo vencerlo?
Ganador de 21 juegos en el cuarto Pomares, uno menos que el récord de Lacayo en el 77... Forjador de nueve blanqueos en una temporada, cifra sólo alcanzada por Chévez y Porfirio... 345 innings sin permitir jonrón... Un fantástico 0.14 en efectividad, producto de dos carrera limpias en 128 entradas... Ganador de una triple corona, testimonio de un alarde de dominio… Cuatro veces triunfante sin derrotas en la misma Serie Mundial, empatando una marca inmemorial del venezolano Daniel Canónico... Más Valioso en la conquista de la única medalla de plata del béisbol nica en Juegos Panamericanos en Caracas... Ganador en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles... Líder en efectividad con 1.89 en un parque de pequeñas ligas, como el de Medellín en 1978, con Cheito Rodríguez disparando 15 jonrones y Ernesto López 10, superando a todo el staff cubano… Amigos, ese paquete sólo lo puede fabricar un auténtico súper pitcher.
¿Alguna vez la presión lo estuvo estrangulando?.. No lo creo, siempre supo manejarla. Él puede ser calificado como el más atrevido subestimador de riesgos que yo haya visto en nuestro béisbol.
Visto desde cualquier butaca, su pitcheo fue siempre una obra de arte, y sus méritos nunca se los podrá llevar el viento.