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“Inconsistencia nos mató”


Carlos Alfaro

Julio Sánchez quedó estupefacto una vez concluido el juego. Su mirada estaba perdida y un silencio total se apoderó de él mientras el estadio metropolitano estallaba en júbilo, celebrando el gran triunfo leonés.
La trillada, y para algunos ridícula frase de Yogy Berra, “el juego no se acaba hasta que se acaba”, recobró vida la noche del miércoles, cuando los Indios milagrosamente escapaban del desastre en nueve entradas, y justo en las puertas del cielo en el décimo inning, a sólo dos outs de la victoria, fueron emboscado por la muerte, y esta vez de manera definitiva, cuando León los dejó en el campo 4x3.
Sánchez no podía creerlo. De pie, a la orilla del dogout del Bóer, se le miraba con los brazos cruzados. Su mente se echó a volar por varios segundos y al regresar, estalló diciendo: “Todo por culpa del sin vergüenza umpire de home-plate”.
Fue como si Julio haya vuelto a la vida. Perdón, o más bien, haya vuelto al infierno.
Toda la frustración que le generó ese desafío del miércoles, además de la cadena de derrotas que terminó atrapando al Bóer, lo hicieron reaccionar de esa manera ante Allan Reyes, el joven árbitro del béisbol pinolero que terminó siendo odiado por el equipo del Bóer.
“El umpire de home es un vendido. Nos clavó la puñalada y todos ustedes vieron cómo peloteros ponchados de León, por su culpa se convirtieron en carreras contra nosotros”, gritaba Sánchez en el dogout, como expulsando toda la frustración que acumuló en los últimos juegos del Bóer.
“Es una vergüenza que la temporada haya terminado de esa manera para nosotros. León jugó gran pelota, pero si el umpire ha sido recto, nosotros jamás hubiésemos perdido este encuentro”, añadió Julio.
Mientras Sánchez comentaba eso, jugadores del Bóer y coaches la emprendían contra Reyes, reclamándole su parcialidad en el encuentro.
La temporada llegó a su final para el Bóer, que se convirtió en el primero de dos cadáveres que tendrán que quedar de la etapa semifinal.
El juego del miércoles fue la culminación de una muerta lenta y dolorosa... Los Indios en un momento de inspiración llegaron a ganar siete de nueve juegos, lo que les permitió alcanzar la cima de la tabla de posiciones, pero una vez estando ahí, se deslizaron bruscamente hasta desembocar en el desastre.
“Faltó consistencia, especialmente en el pitcheo”, dijo Sánchez. “Los muchachos siempre quisieron dar lo mejor, pero la suerte estaba echada y terminamos sucumbiendo. Imagínense que el mejor de nuestros lanzadores terminó siendo Esterlin Aráuz. No pudo Oswaldo ni Freddy Corea, ni Francisco Rayo”, apuntó Julio.
La inconsistencia fue la peor enfermedad de la tribu. Además del pitcheo, el bateo no funcionó en los momentos oportunos, y eso lo recuerda Julio.
“Aún lamentamos cómo en el juego que continuamos en León y del que sólo realizamos cuatro innings, tuvimos corredores en posición anotadora en los cuatro episodios. Fue una combinación de anemia en el pitcheo y en la ofensiva. Era imposible lograr algo bueno, aun cuando mantuvimos las esperanzas hasta el final”, culminó diciendo el mentor.