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¿Cómo creerle a Vargas?


Edgard Tijerino

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Los retiros en el boxeo son los mayores engaños. Incluso frente al espejo y aun tratándose de púgiles que se supone no tienen por qué exponerse más a los riesgos, como Ray “Sugar” Leonard, “Tito” Trinidad y Oscar de la Hoya.
¿Por qué se resisten a tirar la toalla? Porque quieren seguir sintiéndose en el centro del universo; porque la tentación de continuar es siempre muy fuerte, sobre todo si han triunfado en la última pelea; porque en algunos casos tienen necesidad de insistir aunque los huesos suden y el corazón esté gimiendo; porque es lo único que saben hacer; porque sus almas se lo exigen.
Nadie más sensato que Rocky Marciano. Estaba en la cima del mundo como campeón de todos los pesos, invicto en 49 peleas, cuando dijo: “No más”, y lo cumplió. Seguramente revisó los vídeos de sus grandes combates y se percató del deterioro a que había sido sometido y del inminente peligro de continuar.
Medio mundo dio por un hecho que Muhammad Alí se retiraría a tiempo porque su sabiduría lo empujaría a la prudencia. Pero eso no ocurrió. Una y otra vez, como lo hizo Roberto “Mano de piedra” Durán, el increíble Alí estuvo regresando hasta que se encontró abrazado con el Mal de Parkinson en un enloquecedor juego de sombras.
“Lo noqueo y me voy. Lo juro”, ha dicho Fernando Vargas, mientras batalla desesperadamente con la balanza en busca de marcar las 172 libras para enfrentar a Ricardo Mayorga en el Staples Center de Los Ángeles.
Vargas, que se coronó muy joven y se abrió paso hacia la notoriedad atravesando por peleas escabrosas y desgastantes, no es un hombre de opciones. Nació para ser boxeador, sólo para eso. Así que, ¿cómo creerle?
Logró surgir en medio de turbulencias, y sus peleas con “Tito” Trinidad y Oscar de la Hoya lo mostraron, de cuerpo entero, como un guerrero acostumbrado a fajarse con el corazón abierto.
“Me quiero retirar, porque si no lo hago ahora, entonces ¿cuándo va a ser el tiempo?”, indicó Vargas. Ese anunciado retiro suena como el de “Mantequilla” Nápoles, el de Rubén Olivares o el de Julio César Chávez.
“Logré pelear con los mejores y conseguí reputación y dinero. Los que me ganaron, se vieron obligados a hacer mucho esfuerzo. No me arrepiento de nada”, expresó Vargas, quien en los últimos compromisos se ha quejado de una vieja lesión en la espalda, además de tener que hacer mucho esfuerzo para dar el peso.
Si Vargas gana, la tentación volverá a estar danzando frente a sus narices. ¿Por qué no otra pelea más?, como decía Durán. ¿Acaso hay otro trabajo que pueda ser tan productivo para él?