Deportes

Daniel perdió la memoria


Edgard Tijerino

La última vez que hablé con Daniel Ortega fue en el Inter de Metrocentro, antes de un encuentro que como candidato tuvo con cronistas y activistas deportivos. En presencia de Rosario, del doctor Jaime Morales y del diputado Edwin Castro, Daniel me recordó la buena atención y llamativo desarrollo que consiguió el deporte pinolero en la década de los 80, multiplicando medallas y mejorando el nivel competitivo en el concierto regional.
Y agregó: “Vamos a garantizar el desarrollo del deporte con mayor impulso.”
Le creí, porque estaba respaldado por antecedentes consistentes. En los 80, los fallecidos William Ramírez, Walter Ferreti y Enrique Schmidt, junto con Humberto Ortega y Emmett Lang, se encargaron de darle forma y fondo a un proyecto de desarrollo deportivo que contó con el abierto apoyo de Cuba, la RDA, la URSS, Corea, Bulgaria y otros países.
Fue con Emmett al frente que se consiguieron los más altos índices de participación, rendimiento y soporte. Sin embargo, hasta hoy, Daniel desde la cima de la montaña, no ha mostrado el interés que ofreció por la revitalización del deporte pinolero.
Cierto, son tantas las dificultades que está enfrentando y tiene tan poco tiempo disponible que necesita de gente con incidencia, creatividad y capacidad de gestión, como ocurrió en los años 80, para poder atender algo de tanta trascendencia como es el deporte.
Con una iniciativa privada de poco aporte, un presupuesto raquítico, la mayoría de federaciones desarmadas, pese a la Ley del Deporte, y un Instituto limitado operativamente, se necesita aplicar variantes precisas para inyectarle utilidad a cualquier propuesta en busca de sacarnos del fondo del barril.
En Cuba, desde el aterrizaje de Fidel en el poder, se gritó a pulmón abierto y con autoridad, “el deporte tiene que ser considerado como un arma de la revolución y un derecho del pueblo, para poder crecer”.
Y Cuba, con un impresionante apoyo estatal, casi tan fuerte como el proporcionado en salud y educación, dio un salto tan espectacular como el de Bob Beamon en las Olimpiadas de México, convirtiéndose en la mayor fuerza de América Latina.
Humberto Ortega y Emmet Lang tuvieron ideas claras y recursos, pese al mar de complicaciones por las que atravesó el país. Hoy, Marlon Torres, del IND, y Julio Rocha del CON, pueden tenerlas, pero con los bolsillos rotos, no se puede ir a ningún lado.
Invertir en el deporte es algo grueso. Costa Rica y Guatemala han contratado entrenadores de fútbol como Maturana y Bilardo con costo de casi un millón de dólares anuales; Honduras construyó, entre otras gestiones, un estadio para 50 mil aficionados en San Pedro Sula; El Salvador aprobó más de 100 millones de dólares para realizar los Juegos C.A. y del Caribe; Guatemala tiene todo lo básico y en Centroamérica, con excepción de Nicaragua, el deporte es rentable.
Por favor, alguien tiene que recordarle a Daniel su promesa como candidato.
dplay@ibw.com-ni