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Sirena de plata añora el vigorón


Xavier Araquistain

Mientras Nicaragua ganaba la final del fútbol masculino 2-0 a Guatemala en los XII Juegos Centroamericanos de los colegios alemanes con goles de Jorge Eke y Erick Alemán, la imponente figura de la nadadora y medalla de plata olímpica en Seúl 1988, Sylvia Úrsula Poll Ahrens, destacaba sobremanera entre todos los asistentes.
Era la figura estelar, una gran motivación para los niños y jóvenes deportistas, los que se emocionaron con su presencia en los campos de juego y durante la ceremonia de clausura.
Por gestión del señor Hubert Rammler, Director del Colegio Alemán-Nicaragüense, la joven que vivió sus primeros ocho años en Nicaragua amablemente concedió una entrevista a END.

END: ¿Qué hace actualmente Sylvia Poll ?
SP: Una vez que me retiré de la actividad de la natación en 1994 decidí sacar una carrera profesional en mercadeo y ventas en la Universidad Internacional de Las Américas en San José, Costa Rica y después alcancé un postgrado aquí en Nicaragua, en el Incae. Actualmente trabajo para el Incae en Costa Rica.

END: ¿Añorás algunas cosas de Nicaragua?
SP: Lo principal es la comida. Las tortillas, el arroz, los frijoles, el vigorón con el chicharrón tostado. En Costa Rica a veces como vigorón, pero sigo prefiriendo el chicharrón de cáscara dura o tostada. También añoro mi niñez que fue muy linda y me recuerdo de mi primera escuela en Chinandega y de mis dos años en el colegio Americano. A la edad de ocho años mis padres decidieron que iríamos a vivir a Costa Rica, un lindo país que nos dio muy buena acogida y la nacionalidad.

END: Contanos de los inicios de tu carrera en la natación
SP: Viviendo en Nicaragua mi padre se preocupó que mi hermana Claudia y yo aprendiéramos a nadar, porque en un país con tanta playas, ríos, fincas con lugares para bañarse y piscinas era importante saber nadar.
Llegué a Costa Rica y cuando mis padres alquilaron una casa en donde vivir, gente encargada del reparto nos hizo saber que teníamos acceso a un club con piscina. Íbamos a bañarnos y de pronto alguien nos invitó a formar parte de un club de natación, como parte de la renovación normal que tienen esos clubes. No fue por nada especial, incluso la natación no me atraía como para ser nadadora, pero me gustó porque en poco tiempo ya teníamos muchos amigos.
Después el entrenador Francisco Rivas fue viendo mis habilidades y convenció a mi mamá de que me apoyara para entrenar y así fue, entrenamientos y más entrenamientos, levantarme de madrugada, entrenamientos dos veces al día sin un solo día de descanso. Fue una vida muy sacrificada. Si alguien me lo hubiera explicado a los 12 años seguro que nunca habría practicado la natación.

Sylvia se despidió mandando un mensaje a los jóvenes de Centroamérica: “Somos países pequeños, pero si nos proponemos metas las podemos lograr en base a trabajar duro, planificando todo, con disciplina, que es lo más importante”.
Así se despidió la sirena de plata, hija de padres alemanes, nacida en Chinandega, Nicaragua, y que el destino la llevó a Costa Rica, en donde ha triunfado, aunque sigue añorando el chicharrón nica.