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Podrían seguir liga a puertas cerradas


ROMA / AFP
El fútbol italiano, gangrenado por la violencia, no tiene elección: la conmoción causada por la muerte del policía Filippo Raciti, el viernes en violentos enfrentamientos con hinchas en Catania, obligará al gobierno y a los responsables deportivos a tomar medidas enérgicas.
El fútbol está paralizado por completo desde hace 72 horas. No se sabe ni cuándo ni cómo se reanudará. Lo nunca visto en Italia.
Ni los dirigentes deportivos ni el jefe del gobierno, Romano Prodi, dudaron en afirmar de inmediato que mientras no se hayan puesto en marcha los mecanismos necesarios para acabar con la violencia descontrolada en el Calcio, no se jugará un solo partido en todo el país.
“La suspensión de los campeonatos es una decisión inamovible mientras no haya abordado las cuestiones más importantes con el gobierno”, declaró el domingo Luca Pancalli, comisario extraordinario de la Federación Italiana de Fútbol (FIGC).
Hoy lunes está prevista una reunión entre Pancalli, Prodi, el ministro del Interior Giuliano Amato, la ministra de Deportes Giovanna Melandri y el presidente del Comité Olímpico Nacional Italiano (CONI), Gianni Petrucci.
“Tomaremos las medidas necesarias. Haremos comprender a esa gente que se acabó, que no pueden ir al estadio con bombas y barras de hierro. Los detendremos aunque tengamos que detener el fútbol”, declaró Amato.
Según la prensa italiana del domingo, el fútbol podría permanecer suspendido dos semanas y reanudarse después a puertas cerradas. El gobierno estudia también prohibir que los hinchas sigan a sus equipos en sus partidos fuera de casa e incluso organizar los encuentros de alto riesgo por la mañana.
A pesar de que Italia cuenta con la Ley Pisanu, destinada a luchar contra la violencia en los estadios reforzando la seguridad, las numerosas derogaciones la han vuelto inoperante en la práctica.
Tras mantener una reunión extraordinaria el domingo, el CONI abogó por exigir a los clubes responsabilidades por la conducta de sus tifosi. Hace años que la violencia --y también el racismo-- se ha convertido en algo inherente a los estadios de fútbol.
La muerte del policía, días después de que un directivo de un equipo aficionado falleciera tras un altercado con hinchas rivales, hizo que el país entero se enfrentara cara a cara con la realidad.
Al igual que en enero de 1995, cuando un joven hincha murió apuñalado en un partido entre el Genova y el AC Milán, esa tragedia también suscitó entonces una enorme conmoción que llevó a anular todas las manifestaciones deportivas del domingo siguiente.
“Nunca más”, clamaron entonces al unísono todos los responsables políticos y deportivos.