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Huele a lirio y a barrida


Carlos Alfaro

Una imagen funesta existía en el dogout felino luego del out 27. El poco viento que penetraba en la madriguera del León tenía el olor a lirios.
Norman Cardoze, sin camisa y mirando al vacío, parecía decir: ¿Cómo fue posible? Henry Roa lamentaba lo inútil de su jonrón, mientras que en una esquina, solo y pensativo, se encontraba Ofilio Castro.
Mientras el silencio se había apoderado por completo de la madriguera, afuera la gente coreaba: “Oramas, Oramas, ¿dónde estás? Danos la cara”.
La gente buscaba una explicación de la tercera derrota al hilo de León en la final ante el Bóer. Gustavo (Oramas) se escondió y no salió hasta que pasó el vendaval.
Fueron pocos los que se atrevieron a hablar. Sandor Guido fue uno de ellos.
“No estamos muertos. Perdemos 0-3, pero creo que podemos. Con un poco más de ganas vamos a salir adelante. La adversidad es enorme, pero podemos hacerlo”, dijo Guido, tratando de contagiar de optimismo a sus compañeros.
La posibilidad de una barrida ronda en el estadio metropolitano. Era algo que nadie esperaba. No había una sola persona que se imaginara al Bóer doblegando fácilmente a los melenudos durante los primeros tres desafíos.
Mientras que el caos era total en el dogout del León, el Bóer festejaba a lo grande, y ya listo se encontraba Miguel Gómez para asestarle la última derrota a León, la última victoria del Bóer en la gran Final.
“Me siento contento de la suerte que tengo. La posibilidad de dar el Campeonato está en mi brazo, y mañana (hoy) saldré a la loma. Los trabajaré con cuidado y buscaré la manera de vencerlos”, dijo Gómez.
“Creo que los problemas que tuve en la recta final de la campaña regular ya los superé. Ahora es la Final y me siento entusiasmado de subir al box”, concluyó diciendo el lanzador panameño.