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Artiles aún sueña


Carlos Alfaro

Era el año de 1997 cuando por primera vez Carlos Artiles fue visto por un personero de una organización de Grandes Ligas: Yanquis de Nueva York.
Zurdo, jovencito y tirando rectas a 96 mph, era imposible dejar escapar ese pez. Bastó un “Try-Out” para que estampara su firma con la poderosa organización, y su carrera en Ligas Menores crecía como la espuma.
Un año estuvo en la categoría rookie, otro en clase-A, y así sucesivamente escalaba con éxito cada nivel de juego, hasta que se percató de que estaba cerca de alcanzar el gran sueño.
Llegó a la categoría Triple-A en el año 2002, y sólo faltaba un peldaño para concretar lo que tanto había anhelado.
Pero de repente, sucedió lo inesperado.
Los médicos detectaron deterioro en un tendón de su brazo de lanzar, y sus esperanzas y carrera se derrumbaron. Por el mal fue intervenido quirúrgicamente y jamás volvió a ser el mismo.
“Meses después de la operación los Yanquis me dieron ‘release’. Fue entonces que recibí una oportunidad de los Cardenales de San Luis, pero mi brazo, que estaba lastimado y resentido aún, no cumplió con las expectativas, y al final también me dejaron en libertad”.
“Estuve tan cerca, pero el destino me privó de ello”, dice Artiles con cierta melancolía. “Ahora estoy tan largo, pero no pierdo las esperanzas de algún día volver a ser elemento de interés del béisbol organizado”, añadió.
Al lanzador dominicano se le ve con mucha determinación en los entrenamientos del Bóer. Está plenamente convencido de que la única manera de llegar a ser como antes es a base de muchos entrenamientos, y por ello, aunque muchos considerarían tarde, él dice: “El sueño aún puede lograrse”.
“Con 96 millas en tu brazo, jovencito y escalando como la espuma, flaqueé. Pensé que las cosas eran fáciles y por eso no entrenaba como debía. Nunca di el extra en las prácticas y el destino me hizo pagar caro el precio. Mi brazo se lastimó, y mi sueño se pausó”, añadió.
Estuvo jugando en México un par de años, y allí recuperó un poco la velocidad. Decidió venir a jugar a Nicaragua porque supo que muchas organizaciones estaban llegando a la Liga Nicaragüense de Béisbol Profesional a buscar talento para firmarlo, y está muy entusiasmado mientras espera otra oportunidad.
“Cuando los Cardenales me dieron el chance y me invitaron a los campos de entrenamientos de Grandes Ligas lancé entre 84 y 86 millas por hora, muy por debajo del reporte que tenían de mí, que era un lanzador de 96 mph”, dijo Artiles.
“Gracias a Dios poco a poco mi velocidad va incrementando, y en el juego de fogueo que tuvimos contra San Fernando el pasado jueves, los reportes es que estuve en 91 mph, lo cual me alegró bastante”, dijo el zurdo.
“Él es el principal candidato a ser el cerrador del club. Era la función que desempeñó a lo grande en las Ligas Menores”, dijo el mentor Noel Areas.
Ojalá las cosas le salgan bien al pelotero dominicano, porque yéndole bien a él en Nicaragua, también le va bien al conjunto de los Indios del Bóer.