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Velocidad o altura, dilema de los técnicos en NBA


LOS ÁNGELES / AFP
A las puertas de una nueva temporada de la NBA, que arrancará hoy martes, el eterno dilema del básquetbol vuelve al ruedo con más fuerza, cuando los técnicos de los 30 equipos de la Liga deban definir el estilo de sus equipos respondiendo a la vieja pregunta: ¿velocidad o altura?
Desde 1999 los equipos que han ganado el campeonato han sido una mezcla de ambos factores, a base de una receta simple pero válida: un pívot dominante junto a uno o dos jugadores excepcionalmente hábiles para abrirse paso hacia el canasto.
En la nómina de los ocho últimos campeones han brillado cuatro centros con gran poder ofensivo y uno eminentemente defensivo.
Shaquille O'Neal (2.16m de altura y 148 kilos de peso) ganó tres coronas con Los Ángeles Lakers de 2000, 2001 y 2002, y una con Miami Heat en 2006; Tim Duncan (2.11 m y 118 kg) se tituló con San Antonio en 2003 y 2005, y David Robinson (2.16 m y 114 kg.) lo hizo también con los Spurs en 1999.
Ben Wallace (2,06 m y 109 kg) le aportó a los Pistons de 2004 su garra para los rebotes y una defensa extrema bajo el canasto.
O'Neal se vio complementado en los Lakers por Kobe Bryant y en Miami por Dwayne Wade. Duncan se apoyó en el francés Tony Parker y el argentino Emmanuel Ginóbili y Robinson lo hizo en el pequeño base Avery Johnson. Wallace tuvo a su lado a los 'guerreros' Richard Hamilton y Chauncey Billups.
La irrupción de equipos como Dallas Mavericks, Phoenix Suns, Denver Nuggets y Chicago Bulls en el firmamento de la pasada postemporada hizo variar un poco los conceptos y le dio cierta preferencia a la velocidad sobre la estatura.
Ahora todo el mundo parece querer equipos más rápidos, que desplieguen ofensivas relampagueantes y regresen a la defensa antes de que el contrario tenga tiempo de reaccionar.
El juego por las bandas también se ha puesto de preferencia, y los aleros con habilidades para atacar el canasto han ganado preponderancia sobre los delanteros de poder.
Y todo ello por una serie de factores como las reglas que limitan el contacto físico y aceleran el 'tempo' del juego y la cada vez más patente influencia del básquet internacional en la NBA, con numerosos jugadores de Europa y América Latina.
A ello se suma el desapego de los técnicos por el juego rudo que hasta hace unos años exigía cuerpos de fisicoculturistas en detrimento de la elasticidad propia que debe tener un jugador de baloncesto.
"Pienso que así debe jugarse todo el tiempo", expresó George Karl, entrenador de los Denver Nuggets, equipo líder en cantidad de puntos anotados en rompimiento en la pasada temporada.
"El año pasado tiramos al canasto un 54 por ciento de ocasiones durante los primeros 14 segundos del reloj de tiro. Pienso que en ese estilo rápido somos un equipo mucho mejor, con mejor ataque, que cuando jugamos al baloncesto posicional", acotó Karl.
También, al abrirse el juego hacia las bandas, le ha dado mayor preponderancia a los aleros, convirtiéndole en el jugador más peligroso del juego.
"Es una premisa simple: consiga que la bola le llegue a su jugador más talentoso lo más rápidamente posible y así él puede atacar la defensa antes de que ésta se fije", escribió el analista de básquet Chris Bernucca.
De los 10 máximos anotadores del pasado campeonato, nueve fueron bases o delanteros pequeños, encabezados por el superastro de los Lakers, Kobe Bryant, quien promedió 35.4 puntos por partido.
El único hombre grande que recaló en el 'top ten' fue el alero alemán Dirk Nowitzki, de Dallas, una excepción a la regla que se mueve con la agilidad de un base.
Aunque todavía están lejos los días gloriosos del Showtime de 'Magic' Johnson y los Lakers de la década de 1980, el juego de la NBA está cambiando gradualmente a una priorización de los fundamentos técnicos, para alegría de los fanáticos y beneplácito de la televisión, su mayor socio comercial.