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“QJ” Alfaro irresoluto en el ring


Xavier Araquistain

Siempre he creído que José “QJ” Alfaro es un peleador muy bajo para las 140 libras, y que sus primeras peleas las ganó por nocaut contra púgiles categorías Moscas y Gallos, engordados porque Nicaragua nunca antes había tenido pesos Welter Junior a granel. Claro que su pegada no se la aguantaban incipientes rivales, y sus rápidas victorias le hicieron creer a él y a sus entrenadores que el hombre tiene una pegada mortal, lo cual no es cierto.
Por el hecho que el ex triple campeón Alexis Argüello lo comenzó a apadrinar, algunos hasta llegaron a compararlo con Alexis y su famosa pegada. Hubo quienes decían que “cómo se ha chupado Alfaro a Alexis que hasta camina como el ‘flaco’ sobre el ring”. Nunca he estado de acuerdo en ensalzar a atletas hasta que no demuestren su real calidad.
Alfaro fue promocionado con un largo apodo, idea de no se quién, pero pobre de imaginación, que hizo creer que donde Alfaro asentaba la mano, todos caían. La noche del viernes peleó contra el venezolano Miguel Acosta, quien sin ser un peleador “de otro mundo”, prácticamente paseó por todo el ring a Alfaro, quien como de costumbre subió en busca de un nocaut con un solo golpe, y el sudamericano una vez que lo estudió, lo boxeó en reversa, le pasaba los golpes y terminaba contragolpeándolo y se le salía de la línea de tiro.
El triunfo fue inobjetable del visitante, pero es lamentablemente ver a Alfaro que no mejora en nada su boxeo. Trata de ir siempre hacia delante, pero sin tirar golpes. Avisa sus golpes y se los pasan fácil, y cuando lo contragolpean no se sabe defender, porque pelea como un poste de luz, parado sin ondular, ni hacer paso péndulo, ni bloquear golpes con sus guantes y brazos. Resultado: a partir del tercer round lo guantearon, y el aficionado no se explica para qué trata de llevar al rival contra las cuerdas si no suelta golpes y se acerca demasiado para que lo conecten cómodamente.
Cuesta creer que un entrenador que fue tan buen boxeador como Gustavo Herrera no esté logrando que su pupilo asimile sus enseñanzas, pues arriba del ring “QJ” luce siempre sin idea, sin planteamiento, sin variantes según el rival, y termina siendo avasallado al extremo que lo golpean mucho.