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Padilla ha recorrido toda la ruta


ARLINGTON-Chinandega
Esas diez letras, cuando se mencionan con el tono perfecto y con el ritmo correcto, son suficientemente poderosas para comprender los gestos que usualmente aparecen en el misterioso rostro de Vicente Padilla.
El simple sonido de esas cuatro sílabas es suficientemente incidente para hacer desaparecer ese rostro de enojado que ha caracterizado a Padilla. Lo cambia a una mirada tan dulce que denota la felicidad de un niño justo cuando celebra el día de su cumpleaños.
Chinandega, Nicaragua, es la pequeña ciudad en que nació Padilla. Donde aún vive y planea algún día morir. Es como el cielo en la tierra. Pero por el momento, la tierra donde trabaja es Texas, pero eso podría cambiar porque al culminar esta campaña él se convertirá en agente libre.
Su futuro con la franquicia es una de las preguntas más populares en el norte de Texas, pero aquellos que lo conocen bien creen que irá donde para él sea lo más importante, donde está situado y de donde viene.
Él es un muchacho que supo sobrevivir a las limitaciones y la muerte. Y en una épica revolución, Padilla se desarrolló como un hombre extraordinario en el país centroamericano. Padilla es el corazón y el alma de Chinandega.
“Quizás existe una imagen mía que soy un tipo arrogante, no me gusta hablar mucho y quizás algunos crean que soy una persona que anda en las alturas. Pero en verdad no es así”, dijo Padilla, quien cumplirá 29 años el miércoles.
“Si yo le digo a un reportero algo, escriban lo que yo digo, y no hagan verme como el malo. Si yo me tomo tiempo para hablar, quiero que todo sea justo, pero si no lo es, ¿por qué debo dialogar con la prensa? Los medios aquí y en ocasiones en Nicaragua imaginan cosas mías y escriben lo que ellos quieren. Yo soy un jugador de béisbol y mi trabajo es lanzar. Yo trabajo duro y estoy aquí para desempeñar ese rol, no para ganar un concurso de popularidad”.
Y justo con el uniforme de los Rangers el trabajo de Vicente ha sido bien realizado.
“Él nunca bromea. Sólo quiere ganar”, dijo el jardinero central Gary Matthews.
“En estos momentos él tiene 14 victorias y quizás con mejor suerte hubiese tenido 17 ó 18, porque hubo algunos encuentros en que no le manteníamos la ventaja”, dijo el coach de lanzadores Mark Connor. “Él nos dio muchos innings trabajados y una de las cosas que más me gusta de él es que puede desempeñar diferentes maneras de lanzar durante un encuentro. Él puede trabajar con su sinker entre 87 a 90 [mph] o puede utilizar su recta de cuatro costuras que está entre las 94 y 98 mph”.
Él tiene curva, un poquito de cambio de velocidad, una recta cortada y ahora un gran slider. No teme cuando está sobre la loma, y dispone de todo lo que se busca en un lanzador”.
Padilla (14-10, 4.44 ERA) realizó su última apertura de la temporada contra los Marineros de Seattle. Él logró 150 ponches en la campaña, una marca personal en su carrera.
“Me gustó lanzar aquí”, dijo Padilla. “Me gusta el calor de Texas y la ciudad. Amo a mis compañeros. Aprecio bastante a los aficionados y realmente disfruto cuando los escucho con sus bullicios en momentos en que estoy lanzando. Pero yo no soy el único que decide. Los Rangers también deben poner de su parte en hacerme una oferta justa”.
Firmado por los Diamondbacks en 1998, Padilla pasó sus primeros siete años en la Liga Nacional, pero siempre fue cuestionado por inconsistencia y algunas lesiones que le aquejaron mientras estaba con los Filis. Él firmó por un año con los Rangers, y rápidamente se consolidó como un competidor en la Liga Americana.
Pitcheo adentro
Él fue el líder en la Liga Americana con más golpeados con 17, y fue expulsado tras golpear a Juan Rivera, y sancionado con cinco juegos.
“Desde el tiempo que vine de Nicaragua hasta ahora, siempre me ha gustado lanzar adentro”, argumentó Padilla. “Sé que a muchos lanzadores no les gusta lanzar pegado, porque temen golpear a bateadores, pero yo no. Eso es parte del juego. Las cosas son así, porque si no lo hago, los artillero me lo harán a mí”.
Padilla no es nadie si no luce intenso en la loma. Gary Mathews es testigo de ello. “Padilla es uno de los pitcheres que no se intimida para nada en la loma, y eso nos gusta”.
No hay dudas de que Padilla es un tipo sin piedad cuando está sobre el box, pero ese aspecto del nica es el resultado de la manera como vivió su niñez. Él no recuerda con exactitud el momento de cuando se tornó altamente valiente.
Luego de considerarla una de las ciudades más empobrecidas del país, Chinandega está ubicada en el noroeste de Nicaragua y es fronteriza con Honduras. A menos de 15 minutos de la orilla del océano Pacífico, Chinandega es muy popular por sus volcanes, cañas de azúcar y plantaciones de bananos, pero sobre todo por el residente Vicente Cruz Padilla.
“Realmente es una ciudad muy pequeña”, dijo Padilla. “La gente es muy trabajadora. Existe mucha pobreza en Nicaragua, pero la esperanza es que las cosas se mejoren. Eso es lo que queremos. Pero las cosas están mejores ahora que cuando era niño”.
Los padres de Padilla se separaron cuando él apenas contaba con dos años de edad. Fue criado por sus abuelos en una casa muy habitada, que también incluía a su tío y dos primeros en un área llamada El Viejo.
Su abuelo, Ángel Ordóñez, sembraba arroz, frijoles y maíz. El primer trabajo de Padilla fue de granjero, ayudándole a su abuelo. En los primeros años de su juventud trabajó en las plantaciones de bananos, y aun cuando eran migajas las que obtenía de dinero, eso ayudaba a la manutención de la casa del abuelo.
Dinero, cualquier dinero, era buen dinero en ese momento.
Fue cuando tenía casi diez años que comenzó a jugar béisbol, la mayor parte del tiempo con su tío y primos. Él dijo que no tomó el deporte con seriedad, hasta que se dio cuenta de que podía pagar algunas deudas lanzando rectas a los bateadores. La revelación de Padilla quedó marcada para los jóvenes en Nicaragua. Béisbol es sinónimo de dinero; dinero es sinónimo de ayuda a la familia.
“Yo he trabajado todo el tiempo”, dijo Padilla. “Eso es todo lo que sé hacer. He tratado de ayudar a mi familia desde que he sido un chico. ¿Por qué debo de cambiar ahora? Ellos me cuidaron cuando yo lo necesitaba, ahora soy yo quien cuida de ellos”.
La familia de Padilla no sólo lo cuidaron, también le salvaron la vida. En 1979, dos años después de su nacimiento, los miembros del Frente Sandinista de Liberación Nacional, conocidos como los sandinistas, comandaron una revolución contra el presidente de ese entonces y tomaron control del país.
La revolución sandinista cambió el panorama de toda Nicaragua, incluyendo a Chinandega durante sus 11 años de gobierno.
Chinandega se convirtió en uno de los lugares principales para los sandinistas, porque se constituían las guerrillas que tenían la política marxista.
Con la guerra al rojo vivo en los 80, los sandinistas necesitaban soldados. Padilla, que era más alto y más atlético que los otros niños de su edad, se veía como el perfecto candidato para la guerra.
Su abuelo no estaba muy seguro de ello. Después de todo, un tío de Padilla, con alto rango en el Ejército Sandinista, fue asesinado, algunos hasta pensaron que fue por otros sandinistas. Y su abuelo no quería que el joven Vicente corriera la misma suerte.
“Esos fueron momentos, períodos en nuestra historia, que afectaron mucho a los jóvenes de Nicaragua”, dijo Padilla. “Cuando tú tenías 13, 14, 15 años, no podías hacer muchas cosas porque los sandinistas te buscaban por todas partes para atraparte y mandarte a la montaña. Si tenías suerte, volvías a ver a tus familiares, si no, ellos te veían, pero hecho cadáver en una caja. Muchas veces los niños se marchaban a la montaña y jamás retornaban”.
“Muchos de mi familia eran sandinistas, por lo que no eran obligados a ir a la montaña, porque ya lo habían hecho en el pasado”, continuó diciendo Padilla. “Yo no quería ir, y como los sandinista respetaban a mi abuelo, al final no fui. Ellos le debían a mi abuelo la muerte de mi tío”. (Hacia 1987, Padilla contaba con 10 años de edad).
El fin del régimen sandinista fue en 1990, lo que trajo relajamiento a Padilla y su familia. La economía del país estaba en puro desastre, pero al menos todos eran libres. Ya cada uno podía hacer lo que quisiera, en el caso de Padilla, jugar béisbol.

Un año triste
Como lanzador, Padilla era rudo, pero tenía talento. Él jugó en varias ligas locales de Chinandega durante mediados de los 90, y fue en 1998 que se coló en el equipo nacional de Nicaragua como abridor y relevista respectivamente. Firmó con los D-Backs en 1998, y experimentó una mezcla de emociones.
Sus abuelos murieron y no lograron verlo firmar para el béisbol profesional. Años antes, había sido su papá quien falleció.
“Obviamente que ese fue un año triste para mí”, dijo Padilla. “Fue la época en que los Yanquis me llamaron y yo quería ser parte del Try-Out, pero era casi imposible. Mi abuelita acababa de morir y yo pasé tres días terribles por eso. Recuerdo que me presenté con pantalón jean y de camiseta y dije: No estoy listo para eso. Tiré hasta 84 mph y nadie me quería por eso. Mi abuelo murió cuando estaba en Italia, fue duro, porque jamás tuve el chance de decirle adiós”.
Fue un año de tristes despedidas para el joven lanzador. Para 1998 Padilla le dijo adiós a Nicaragua y a todo lo que había conocido. Al mismo momento, decía hola a un país diferente con diferente cultura: los Estados Unidos de América.
“Yo soy uno de los que se molesta cuando los reporteros escriben lo que quieren”.
“Debes conocerlos para apreciarlos”, dijo el jardinero de los Yanquis, Bobby Abreu, compañero de equipo de Padilla cuando estaban en los Filis. “No creo que el público sepa quién es él. Quizás es porque él no habla con los medios o no maneja el inglés a la perfección. Pero una vez que lo conoces, seguramente que te identificarás”.
El amigo más cercano de Padilla, César Batista, lo describe como un lanzador reservado con las amistades, pero que aprovecha su soledad para reírse un poco. Padilla y Batista se conocieron en Tucson durante los entrenamientos en 1998.
“Siempre ha sido así. Un tipo de los interiores del país. Difícilmente le tiene confianza a la gente, pero es comprensible. Él creció en medio de una situación en que no se podía confiar en nadie”.
Padilla dijo que siempre trata de tener una actitud buena, pero se sintió mal por la manera como los medios manejaron su arresto en Dallas por andar conduciendo supuestamente en estado de ebriedad, porque él dice que era inocente.
Padilla manejaba su Lamborghini de 2006, y manifestó que estaba siguiendo a un amigo que iba adelante.
“Si tú eres latino en los Estados Unidos y manejas un carro de esos, la gente cree que estás metido en la venta de drogas o eres un tipo malo. Cuando los Rangers me comentaron lo que había aparecido en los medios, me puse muy enojado y decidí sólo enfocarme en seguir adelante”.
Y ver hacia adelante parece lo correcto para Padilla, quien no aguanta que termine la temporada para retornar a Chinandega. Allí construye una gigante casa para su mamá, tres hermanas, dos hermanos y tres sobrinitos.
Como siempre, su familia es primero. Él no da explicaciones para aquellos que cuestionan eso. “Yo soy todo para ellos y ellos son todo para mí. Yo estoy aquí representando mi país y mi familia. ¿Acaso hay algo más en la vida? Y si existe, no me importa más”.
Traducción: Carlos Alfaro.