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A propósito de una infamia arbitral en el fútbol

* “El árbitro es arbitrario por definición”: Eduardo Galeano

Colaboración
Fúnebres crespones vistieron de luto al fútbol nicaragüense el pasado domingo en el Estadio Olímpico del Injude. Paradójicamente, en una jornada en la cual brillaba intensamente el astro rey, se ensombreció el firmamento del fútbol, por obra y desgracia de la infamia arbitral.
Un partido legítimamente ganado por el equipo Real Madriz 2x1 al Walter Ferreti, luego de concluirse los cuatro minutos de descuento, se convirtió en un descarado despojo, pues, violentando flagrantemente el reglamento, el árbitro central Emigdio García “generosamente” dio un ipegüe de cuatro “minutitos”, lo que posibilitó el empate de un juego reglamentariamente terminado, pero de forma arbitraria alargado, al otorgar otros cuatro minutos más a los del descuento.
Lamentablemente lo legítimo no puede contra lo legal. El colegiado investido de su autoridad tiene la potestad de legalizar la iniquidad de atropellar la legitimidad, auténtica fuente de la justicia.
El juez podrá argumentar que los perdedores lo convierten en chivo expiatorio de sus fracasos, lo cual tiene alguna validez cuando se trata de un fallo que admita duda. Pero en este caso no había fallo que sustentara la dubitabilidad, pues decenas de cronistas deportivos y aficionados que acostumbran cronometrar, unánimemente, comprobaron, y por supuesto reprobaron, la infamia arbitral que devino el incalificable despojo del equipo pueblerino ante el club capitalino.
Es plausible el empeño de la FIFA por la práctica del fair play (juego limpio), belleza y esencia del deporte, pero es abominable que ese fair play se convierta en “dirty play” (juego sucio), precisamente por el principal responsable de evitarlo: el árbitro. Además son esas actuaciones las que generan la exacerbación de aficionados que responden con la violencia que todos condenamos.
Ojalá Fenifut que hace grandes esfuerzos por la superación de nuestro fútbol tome severas medidas contra ese árbitro que demostró incompetencia y evidente parcialidad en el referido encuentro.
Por el bien de nuestro amado fútbol, que se tomen medidas, pues de lo contrario, nos conformaremos con darle la razón a Eduardo Galeano cuando afirma que: “el árbitro es el abominable tirano que ejerce su dictadura sin oposición posible”.