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La Copa ya está en Italia

Aproximandamente un millón de italianos festejan con pompa la llegada de la Copa del Mundo a su país, luego que su selección de fútbol ganara el domingo el Mundial Alemania 2006.

Los italianos se rindieron a los pies de la Squadra Azzurra, que el lunes por la noche les brindó en Roma el cáliz de la victoria bajo una luna llena de color ámbar.
Una nube de aproximadamente un millón de personas, según la alcaldía de la capital italiana, salió a las calles romanas ondeando sus banderas en honor de sus ídolos, a quienes aclamaron mientras recorrían la ciudad en un autobús descapotable, con la mirada puesta en el tesoro que les traían de regalo de Alemania: la Copa del Mundo.
"Campeones, campeones" les gritaban tras 24 largos años de espera y varias semanas de sufrimiento frente a sus televisores o en las gradas de los estadios.
Con la preciada copa apoyada sobre su cabeza, la estrella del fútbol Francesco Totti entonó el himno nacional, acompañado por cientos de miles de personas reunidas en Circo Máximo, donde antaño se celebraban peleas de animales salvajes.
"No soy capaz de explicar lo que siento, es una revancha maravillosa; siempre éramos segundos o terceros; hoy somos primeros", afirmó a la AFP Andrea Podrini, de 32 años, embargado por la emoción, mientras por los altavoces una voz gritaba que Roma era el centro del mundo.
Muchas mujeres se acicalaron para la ocasión, con dos banderas roja, blanca y verde en las mejillas y otra pintada en los labios, con la esperanza de ver a sus guapos héroes desfilar orgullosos por las suntuosas calles romanas, flanqueadas de edificios históricos, cada cual más bello.
En Circo Máximo se vivía un ambiente de verbena. No se había dejado nada al azar. Las melodías transmitidas habían sido seleccionadas con esmero para enardecer la pasión. "We are de champions", de Queen, cantaban los espectadores desafinando los unos y afónicos los otros.
Entretanto muchos daban botes al son del monocorde 'popopopopopo'. Los que no podían saltar, pero querían, se las ingeniaban para unirse a la fiesta.
Rosana Roqueti, de 57 años, asistió con su marido y esperaba a los jugadores agradeciendo a la Virgen María por haber escuchado sus oraciones.

"Recé y recé. Pedí a la Virgen que ganase Italia, vaya si le pedí", confesó mientras su esposo, con la cabeza cubierta por un sombrero hecho con periódicos, asentía.
A unos metros de esta mujer las personas se arremolinaban en torno a un suntuoso coche mortuorio que contenía en su interior un ataúd calavérico sobre el que yacía la bandera de Francia. Los italianos, divertidos, se hacían fotos de recuerdo al lado de la esquela pegada en uno de los cristales.
El clamor de alegría popular estalló en los cuatro costados del centro de la capital de Italia.
Algunos, para no perderse nada, decidieron comenzar el periplo en la Plaza Colonna, donde el capitán de la Squadra Azzurra Favio Cannavaro le entregó la copa al jefe del gobierno, Romano Prodi, quien la sostuvo unos minutos en sus manos enseñándosela a las personas que trataban de vislumbrar la escena encaramadas a la fuente, a los barrotes que rodean el obelisco e incluso a una escalera que se trajeron de casa.
Entre la gente husmeaban dos perros de raza braco italiano que lucían la bandera nacional, el uno, y una camiseta de la selección el otro, porque según sus dueños, "deben compartir nuestra inmensa alegría".