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Comienza la batalla final

Los hinchas alemanas manifiestan que "hemos demostrado que sabemos perder grandiosamente y ganar aún más grandiosamente".

Los "azzurri" y los "bleus" colocaron a Berlín ante dos versiones de hinchada azul para un fin de fiesta del Mundial de cualquier modo de dominio alemán y con los anfitriones empeñados en auto-celebrarse como si se hubieran llevado la Copa.
Los "Viva Italia" y los "Allez les bleus" se fundieron en la milla del aficionado, poderosos, pero sin la mayoría suficiente como para superar la marea de camisetas blancas y banderas alemanas.
Un grupo de "bleus" colocaron una gran pancarta con la frase "Merci Zizou" junto al escenario de la Puerta de Brandeburgo, donde al mediodía más de 600.000 personas aclamaron a la selección de Jürgen Klinsmann, recibida como héroes.
"Les ganaremos: esto no puede terminar como un Mundial de la Tercera Edad, con la Copa para Francia sólo para hacer felices a los que se jubilan...", afirmaba Marcello, un italiano llegado de buena mañana con un grupo de amigos, en automóvil, desde Turín.
Para el seguidor de la "Squadra Azzurra", Berlín será una hermosa despedida para Zinedine Zidane, como el partido de ayer lo fue para el alemán Oliver Kahn y el portugués Luis Figo.
Pero la victoria será "azurra", dice, "porque la Copa irá a la selección más fuerte y vigorosa, no para los héroes que se van".
Otro hincha, también de azul, también llegado en coche, pero francés, no lo ve así: "No es posible que levante la Copa el fútbol más corrupto del mundo", dice, al parecer convencido de que el Mundial se rige por una especie de justicia divina, no futbolística.
La milla del aficionado, que para la lucha por el tercer puesto se llenó de un millón de almas alemanas satisfechas, seguía teniendo por la tarde, ante la final, aires de fiesta "Made in Germany".
"No festejamos el tercer puesto: festejamos una nueva generación sin 'kaisers' ni "Tante Kaethe", dice Ulrike, una berlinesa, con su collar con la bandera. "Si hasta Angie aprendió a besar...", añade.
El "kaiser" es Franz Beckenbauer, "que me tiene harto con eso de ser el dueño absoluto del fútbol", dice el novio de Ulrike. "Tante Kaethe" -"Tía Cati"-, es el apodo del ex seleccionador Rudi Voeller, representante del fútbol "aburrido y sin brío", sostiene.
Y Angie es la canciller Angela Merkel, quien ayer besó y achuchó a Klinsmann con un cariño que no se le conocía en público.
"Hemos demostrado que sabemos perder grandiosamente y ganar aún más grandiosamente", dice este hincha, por supuesto uniformado en su camiseta. Nadie quiere que acabe la fiesta, esto es lo principal.
Por perder grandiosamente entiende la eliminación frente a Italia, en semifinales. Por ganar grandiosamente, el 3-1 de ayer, ante Portugal, en el partido de consolación.
La megafonía repite el "54, 74, 90, 2006", el himno oficioso del Mundial del grupo alemán Sportfreude Stiller, alusivo a los tres títulos de Alemania, más el que podría haber ganado en casa.
El coro de Ulrike y los suyos lo corean con una modificación: "54, 74, 90, 2010". Es decir, el siguiente Mundial, en Sudáfrica.
Los "bleus" y los "azzurri" no están solos entre la marea "made in Germany": hay una ensalada de camisetas ya eliminadas, incluidos los de la primera fase, sean de Polonia, México o Ecuador.
Es el turismo mundialista, que se quedó en Berlín hasta la final.
Tres argentinos uniformados con la camiseta de Gabriel Batistuta van cantando el "Vamos, vamos, Argentina".
"Fuimos los únicos que nos despedimos con caras largas, de mala manera, con sanciones... Vamos a compensar algo esa mala onda", dice uno, dispuesto a apoyar hoy a su selección "suplente", Italia.