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La queja deja caer las tejas


Catorce días antes de que el mundo sea huésped de los alemanes y los alemanes sean amigos de todos, ¿cómo es en realidad? ¿Se alegran por sus visitantes de la Copa Mundial? ¿Cómo es el ambiente en este país donde hace frío no sólo en invierno sino entre la gente? ¿Deberían los alemanes estar alegres y llenos de gracia?
Como soy alemana, quiero decirles lo siguiente: Sí, deberíamos estar felices y más. Pero, ¿qué pasa en mi país?, me pregunté recientemente. Todo lo que hacemos es quejarnos sobre cada grano de arena: si llueve nos quejamos de que todo esté mojado. Si hace sol tenemos demasiado calor. La economía nos molesta porque no hay trabajo para toda la gente. Estamos llenos de rabia porque la FIFA no nos puso a disposición suficientes entradas para el Mundial. Estamos acabando a nuestro ahora portero número dos, Oliver Kahn, y maldiciendo a nuestro nuevo número uno, Jens Lehmann, por su tarjeta roja en la Final de la Champions League.
Probablemente no me hago querer por la gente de mi país, incluso con mi persona, cuando critico de esta manera a mis compatriotas y presento un cuadro no tan bueno. Pero yo no soy una alemana que vive en Nicaragua y puede ver todo lo que pasa en el país del Mundial 2006, desde afuera; yo vivo en Alemania y diariamente se me conforta con que todavía las condiciones no son perfectas para nuestros huéspedes. Por un lado, eso es una buena cosa, porque realmente queremos que todo el mundo se sienta bien en nuestro paralelo, donde también se puede sentir mucha amistad y calor humano, pero los medios de comunicación me roban las ganas de alegrarme por el Mundial. Cada día nos presentan otro problema, otro obstáculo, otra queja. Hace algunas semanas que la Stiftung Warentest, una compañía encargada de revisar los estándares de calidad de productos en el mercado, criticó fuertemente los estadios de Gelsenkirchen, de Kaiserslautern, y de la capital, Berlín. Además, la FIFA no estaba de acuerdo con la grama en el estadio de Hannover, de donde vengo, y se tuvo que cambiar por mucho dinero el césped, porque había unos puntitos más verdes que otros.
La mala noticia de estos días es el debate sobre los “No go areas”. Desde que el ex portavoz del Gobierno, Heye, estipuló estas áreas como “zonas peligrosas” para extranjeros, especialmente en Alemania del Este, porque tenemos una discusión de racismo en el quehacer diario. Los políticos están de acuerdo en que hay un problema de racismo en el Este. Por eso, claro, no queremos saber, pocos días antes del Mundial, que somos amigos de toda esa gente que viene del extranjero. “Zu Gast bei Freunden” (en casa de amigos), promesa que queremos y tenemos que mantener. Pero cómo podemos hacerlo, si hay intereses políticos y economías que nos venden la idea de que tenemos que tener miedo y que los extranjeros podrían vernos como locos. Lo que está detrás de esto es que varios responsables de la organización se preocupan, ya que el debate de “No go areas” da una mala imagen para Alemania. Por esa misma razón deberíamos apoyar a los alemanes que están del lado bueno y que forman la mayoría de la gente.
Tal vez también la FIFA tenga un poco de culpa en que en Alemania se discuta mucho sobre todos los aspectos malos del Mundial, pero les aseguro que cuando llegue el momento, estaremos en el clímax de la alegría y haremos todo para ser los mejores amigos del mundo.