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No todos le celebran


El toletero Barry Bonds abandonó Filadelfia, pero antes pegó su jonrón 713 de por vida en el partido entre los Gigantes de San Francisco y el equipo local de los Filis, para colocarse a uno del legendario Babe Ruth, y el afortunado de quedarse con la pelota marcada fue un fanático puertorriqueño.
Bonds conectó un larguísimo batazo en la sexta entrada a un lanzamiento del derecho Jon Lieber, de los Filis, para colocar la pelota en la fachada del piso superior de las tribunas del jardín derecho.
El toletero de los Gigantes corrió lentamente por las bases y algunos aficionados de los Filis incluso se pusieron de pie y lo ovacionaron, pero fueron los menos, porque el resto durante toda la serie de tres partidos lo han abucheado y dedicado todo tipo de insultos por su posible consumo de esteroides.
Durante el partido del domingo, mientras Bonds caminaba hacia el jardín izquierdo para la parte baja del primer episodio, aficionados de la primera fila de asientos de las gradas mostraron una enorme pancarta.
En el cartel se leía: “Ruth lo hizo con hot dog y cerveza. Aaron lo hizo con clase. ¿Cómo lo hiciste TÚ?”. Además, una “i” y el signo de interrogación estaban rodeados de asteriscos.
La pancarta surgió de nuevo en el tercer episodio. Otro letrero en las gradas del jardín izquierdo decía “MENTIROSO”.
Bonds pegó el quinto jonrón de la temporada y necesita 42 más para alcanzar a Hank Aaron (755), quien posee la marca de más cuadrangulares de todos los tiempos.
La otra historia de la jornada fue el aficionado que capturó la pelota, un integrante de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, el piloto Carlos Oliveras, que es un admirador de Bonds y fue a ver el partido al aprovechar el día libre que tenía.
Oliveras tuvo la gran oportunidad de ver a su ídolo. El jugador de los Gigantes al finalizar el partido lo saludó, le dio la mano, le felicitó por la suerte de capturar la pelota, pero no se la firmó, que era otro de los sueños que tenía su admirador, quien reconoció que no le dio tiempo a pedírselo.
Por su parte, Bonds tampoco le pidió la pelota para quedarse, porque dijo que era algo con lo que otra persona podría beneficiarse y él no la necesitaba.
Oliveras, un joven boricua de 25 años, nacido en el barrio La Luna de Guanica, no hizo nada especial por quedarse con la pelota, porque la misma le llegó hasta sus pies en un asiento de la sección 202, del segundo piso del campo, después que Bonds la envió por encima de la valla del jardín derecho.
El piloto de primera clase se sintió emocionado de ser parte de un evento histórico de su deporte favorito.
“Cuando agarré la bola, me sentí súper bien, con mucha suerte. También un poco nervioso cuando vi que todo el mundo estaba buscando la bola para tirarla de vuelta”, comentó Oliveras.
Los fanáticos de Filadelfia tienen una tradición de arrojar las pelotas de los jonrones de los equipos contrarios al terreno en forma de rechazo moral a sus cuadrangulares.
No fue el caso de Oliveras, que dijo que iba a quedarse con la pelota y a protegerla para que nadie se la quitase, aunque al final no se la firmase el gran protagonista del partido.