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Juan Palacios se lució


Xavier Araquistain

Un capítulo aparte merece la actuación del púgil Juan Palacios el sábado pasado en la velada del Casino Las Vegas, cuando derrotó al mexicano Cristian Gómez. El azteca, sin llegar a ser una lumbrera, vino en plan amenazante y retador, y su única agresividad fue en la conferencia de prensa, cuando ofendió a Juan. Después fue silenciado.
Aunque Gómez no presenta un record de estelarista, la sola idea de atreverse a retar fuertemente a Palacios, nos hizo creer que para actuar de una manera hay que responder como tal. Palacios prometió poner todo su arsenal en busca de hundir el barco del azteca y hacerle tragar sus palabras. “Te voy a romper la madre”, la cual repitió dos veces y prometió noquear a Palacios.
El combate duró casi los tres rounds, más que todo porque el azteca a ratos se mostró un tanto correlón, pero Palacios con la tranquilidad que le da la experiencia a un boxeador, comenzó a tomar distancia jabeando, luego cuando lo tuvo medido comenzó su trabajo de minado conectándole muy fuerte a los bajos con ganchos con ambas manos, pero mayormente utilizando el gancho de mano izquierda.
En el segundo round el azteca comenzó a resentir los bombazos de Juan, haciendo muecas cada vez que era tocado, y sus piernas no le respondían más para seguir corriendo. Pero Juan no sólo se limitó a golpearlo abajo, nos enseñó un buen jab (muy pocos peleadores apenas lo intentan), siguió con combinaciones de dos, de tres y hasta cuatro golpes con efectividad, detalle que gustó sobremanera el público, pues los tiró con gran puntería.
En los entrenamientos durante la semana con su preparador Ray Mendoza, Palacios impresionaba por la velocidad y potencia con que repicaba en los mascotines y todo eso lo utilizó con mucha efectividad a la hora del combate. Aunque la pelea duró poco tiempo, Palacios nos permitió disfrutar de su gran calidad, y cuando decidió acabar la reyerta lo hizo aplicando un inmisericorde ataque a los bajos.
El punto final lo puso Palacios cuando le clavó un verdadero arponazo en el hígado que obligó al visitante a caer de bruces sobre la lona, buscando oxígeno, y con su pierna izquierda como electrificada. No había nada que hacer. Fue un golpazo que dejó herido de muerte al azteca que tanto habló y que sobre el ring no pudo emular lo que dijo en tono amenazante a su llegada al país.
Palacios lució frío, calculador, sereno, planificando su obra de demolición casi en cámara lenta y todo gracias a su dedicación al gimnasio y a la maestría en el manejo de sus manos, que le dieron una lección de box al visitante. Juan está para más, y ojalá la suerte lo acompañe para que consiga una oportunidad titular, la que podría ser en el peso Paja, en donde tendría la oportunidad de golpear con mayor contundencia. Bien por Palacios que merece mayor promoción, pues se la ha ganado a pulso.