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Luchador sandinista en el olvido

* Ostenta la medalla “Carlos Fonseca Amador”, por sus méritos en la lucha sindical desde antes de 1979

Máximo Rugama

Hace más de dos décadas que le otorgaron la medalla “Carlos Fonseca”, por sus méritos y aportes a las luchas sociales y sindicales, desde antes de 1979, sin embargo, afirma que actualmente se siente olvidado y enfermo.
Dámaso Picado Martínez, con 85 años, se encuentra con la salud muy deteriorada y hasta viviendo en casa de amigos, porque una sobrina lo sacó de su vivienda, hace tres años.
Este veterano líder sindical, quien pese a tener falta de movilidad en una de sus piernas, por la polio que lo atacó cuando era un niño, se entregó con alma, vida y corazón a la lucha contra la dictadura somocista a través de la lucha sindical, por lo que fue varias veces a la cárcel.
Pese a todo eso, asegura que no se resiente con nadie ni se arrepiente de haber sido opositor al régimen de Somoza, y que si la vida le permitiera tener otra oportunidad, lo haría nuevamente.
Pero la realidad que atraviesa este octogenario es realmente dura. Y es que hace tres años le permitió a su sobrina, Jesús Flores Picado, que le hiciera mejoras a la casa de su propiedad, en la que él le había dado posada. Pero ahora esa dama lo sacó a la calle y le expresó que si no le regresa una fuerte suma de dinero no recuperará nunca la casa.
El proceso se encuentra en los juzgados y mientras los expedientes “duermen el sueño de los justos”, Picado enfrenta las dificultades de la vida, viviendo, si así se le puede llamar, en casa de los amigos, quienes para su suerte le apoyan con alimentación.
La situación que enfrenta el señor Picado Martínez es crítica, ya que ahora para poder movilizarse debe de utilizar dos muletas. Pidió ayuda al Gobierno, pero no obtuvo respuesta.
Pidió a las autoridades que lo apoyen para que Faustino, Juan y Arnulfo Picado Gutiérrez le devuelvan la parte de terreno y mejoras que le corresponden, ya que él era parte de los diez socios de una cooperativa agropecuaria beneficiada por la Reforma Agraria en la década de 1980.
La cooperativa tiene una extensión de ciento cincuenta manzanas de terreno, en las que hay bosques, pastizales y cultivos de granos básicos.
Asevera que los hermanos Picado Gutiérrez, con artimañas, corrieron de forma arbitraria, ilegal y poco honesta a seis de los diez socios, para quedarse ellos con los bienes.
Pidió al gobierno y al Poder Judicial, así como a las demás autoridades públicas, que lo apoyen para hacer valer sus derechos.