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Apagafuegos de toda la vida


(Colaboración)
Al conversar con el viejo roble del Cuerpo de Bomberos de Masaya, Armando José Traña, a pesar de cargar en sus hombros con 78 años de vida, se nota en él lucidez y energía, pues recuerda con claridad muchos detalles de su vida en la institución como apagafuegos.
“Desde que me integré, me gustó ser bombero y siempre me hace falta. A pesar de las divisiones y las inactividades a las que nos vimos forzados, siempre estuvo presente el ‘gusanito’ que nos hace volver a nuestras labores”, comenta Viera Traña.
Don Armando, como le conocen sus amistades, nació en 1929 en el barrio San Jerónimo, de Masaya. Actualmente es el secretario de la Dirección General de Bomberos de Nicaragua. Son nueve miembros de la familia Viera los que siguen la travesía del agua, el fuego y las mangueras. Todos ellos trabajan en una estación de la capital. Roberto Viera, hijo de don Armando, indicó que su padre ha sido una gran influencia en esta decisión.
Todo empezó en 1963...
Al parecer el destino ya le tenía preparado un lugar en la historia bomberil. “Era una noche de octubre de 1963. Mientras caminaba rumbo al teatro Masaya, en la alcaldía, se conformaba el primer grupo de aspirantes a bomberos”, recuerda Viera.
“Entonces, de repente me preguntan, ¿te gustaría ser bombero?, luego les respondo con otra pregunta, ¿qué se necesita para ello?, sólo la voluntad de servir. Imaginate vos”, señala. Así fue que estampó su rúbrica en la primera acta constitutiva de Masaya.
Desde ese entonces, han sido muchas las historias que cuenta el bombero. Para sus compañeros de trabajo, don Armando ha sido objeto de motivación y perseverancia, juntos han pasado momentos difíciles. Sin embargo, a pesar de las limitantes, han sorteado todos los obstáculos.
Durante la conversación, Viera reconoce la enorme diferencia entre los bomberos de su época y los actuales. “Antes nosotros éramos empíricos, no sabíamos cómo tratar a un accidentado, porque solamente lo montábamos en la ambulancia y nada más. Por el contrario, hoy los bomberos tienen mejores técnicas, son paramédicos”, comenta.
Don Armando es de aquellos tipos de hablar poco, pero en sus pocas palabras se nota que “vive y muere” por seguir en una estación bomberil, aunque sea dando algunas indicaciones o paseándose en los pasillos llenando de experiencia a sus compañeros.