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“Mama Minga”, la partera más antigua

* Comenzó en el antiguo Hospital San Vicente, cuando no habían enfermeras en la ciudad * ”El reconocimiento es para nuestro Señor Jesucristo”, dice Juana Dominga González Ramírez

Róger Olivas

CHINANDEGA
A sus 85 años Juana Dominga González Ramírez, habitante del barrio “David Andino” de esta ciudad, recuerda con nostalgia sus tiempos de partera, cuando aquí no había pleno desarrollo de la medicina y los equipos quirúrgicos eran precarios.
Tras comprar tortillas calientes para acompañar su almuerzo, esta apreciada anciana dijo que a los 14 años aprendió el oficio de partera, con apoyo de varios médicos del Hospital San Vicente, hoy Materno Infantil “Mauricio Abdalah”.
“Éramos cuatro muchachas, Victoria Baltodano (encargada de la farmacia) y yo ganábamos 40 córdobas mensuales, las otras dos 25 córdobas al mes. Ambas nos formamos más rápido en nuestra función. Trabajábamos con mucho esmero y cariño”, afirmó.
Añadió que los doctores Zamora, Salinas, Gavarrete, Salazar, Picado, García, Martínez, Plutarco Anduray y José Gutiérrez Pantoja la instruyeron, y mientras examinaban a las embarazadas la llamaban para que escuchara las palpitaciones de los bebés en el vientre de su madre.

Verificaba posición de bebé
La veterana matrona agregó que medía el tamaño y verificaba la posición en que venían las criaturas, asimismo, explicó que si un parto no era complicado duraba una hora y utilizaba tijeras, guantes, bombas para aspirar, amarres para el cordón umbilical, jabón, entre otros utensilios.
“Pocas veces hacíamos cesáreas, la mayoría de los partos eran normales, y los infantes nacían sin defectos físicos porque antes las mujeres se cuidaban, no eran viciosas y tenían buena alimentación”, expresó González Ramírez.
Mientras revisaba sus instrumentos guardados en una caja metálica dijo que varias semanas antes del parto las futuras madres permanecían en una sala especial del Hospital San Vicente, regentado por las hermanas Josefinas.
Allí las aconsejaban, peinaban, acariciaban y alentaban para enfrentar el difícil reto de ser madres y educar plenamente a sus hijos.

Menú de parturientas
La octogenaria rememora que recomendaban a las parturientas comer tortilla tostada, cuajada, queso seco, pinolillo, panecillo y galletas tostadas.
Además reposaban durante varios días, se bañaban con aguas aromáticas, protegían sus oídos y se frotaban con aceite fino la cara, para que no se les manchara. También usaban camisas mangas largas, protegían sus espaldas con toallas, evitaban el sol y sereno.
Con humildad, sentada en una silla plástica en el patio de su pequeña casa, doña Juana Dominga señaló con satisfacción que atendió cientos de partos durante más de sesenta años.
Y es que su calidad quedó demostrada porque no se murió en sus manos una sola criatura, ni siquiera se golpeaban, a pesar de que no contaba con la tecnología actual, ni con ultrasonidos para detectar las condiciones y el sexo de los pequeños.
“Recientemente me visitó desde los Estados Unidos una muchacha con su esposo, la cual nació en mi poder”, dijo la apreciada chinandegana, quien agregó que a su casa llegan personas de diferentes estratos sociales para agradecerles por haber atendido a sus madres.
La partera confiesa que se siente feliz cuando ve a estos ciudadanos formados, como el caso del veterano periodista radial José Ernesto Fajardo, de 59 años, director de dos noticieros en la radio Stereo Azul, de esta localidad.
“Mi muchachito, ¿cómo está?”, dice emocionada la anciana a Fajardo, quien la abraza con afecto y le promete un cariñito (regalo).
Roberto Olivares Galeano, camarógrafo del Canal 12 de televisión, también nació bajo el cuidado de “Mama Minga”, quien elabora su alimentación, camina por las calles de su barrio y asiste diariamente al culto evangélico para darle gracias al Creador por la vida, y por contemplar a sus cientos de “hijos” convertidos en profesionales y personas de bien.

“El reconocimiento es de nuestro Señor Jesucristo”
Madre de dos hijas, y con 28 años de pertenecer a la iglesia protestante, “Mama Minga”, aseguró que ganaba un córdoba con cincuenta centavos por cada parto, y su salario mensual de 40 córdobas le alcanzaba para la manutención de su hogar.
Capacitada durante la década del ochenta en la red de parteras, expresó que no recibió estímulos materiales, sólo una camiseta con el letrero: “Diciembre 1997, juntas trabajamos por nuestras comunidades para que sean saludables. Unicef-Parteras”.
“El reconocimiento es de nuestro Señor Jesucristo que no me desampara, a él confié a los recién nacidos que hoy son adultos, la vida de los miembros de mi familia, vecinos y hermanos del evangelio”, afirmó.
Añadió que dejó de partear debido al peligro que representa salir a las calles, principalmente durante la noche, cuando se enfrentan pandillas y ocurren robos. No obstante, agregó que tiene capacidad para atender partos. “Con mis instrumentos y si me ofrecen todas las condiciones materiales” estoy lista a partear, dijo con una sonrisa sincera.
Otro día transcurre y la anciana se siente contenta de haber servido a la comunidad. Recomienda al Ministerio de Salud (Minsa) fortalecer la red de parteras, a quienes sugiere atender con esmero y sin interés económico.