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Mejoría colectiva es posible con alternativas productivas


Moises Centeno

LAS MINAS
En la vida todo es posible. Cuesta, pero se puede. Como ver un desarrollo comunal con perspectivas de asegurar el futuro económico de la familia a través de una cultura productiva organizada, con técnicas y políticas de protección y conservación de los recursos naturales.
Una muestra de ello se escribe en las páginas de la historia de las 16 comunidades indígenas del territorio mayangna sauni as, en Bonanza, Región Autónoma del Atlántico Norte.

Alimentación asegurada
En este lugar, de 1,638.1 kilómetros cuadrados y con casi seis mil habitantes, la etnia panamahka puede afirmar que tiene asegurado el sustento alimenticio no sólo para el año 2007, sino a mediano plazo.
Pero eso no es todo, también aseguran la prosperidad económica de poco más de mil familias a corto plazo, con el comercio de la variedad de sus mercancías que obtienen, además de los productos agropecuarios; también por los bellos artículos que de forma artesanal elaboran con el tradicional tuno, como bolsos, sombreros, trajes, cubiertos, entre otros.
¿Cómo lo hacen? Pues sudando la gota gruesa. Han logrado sembrar 118 mil 818 plantas de cacao, en 237.47 manzanas, de las cuales, en período de crecimiento y floreciendo hay 87.31 manzanas.
De la misma manera, tienen cinco mil 267 plantas de achiote en 10.53 manzanas. Cuentan con 236 plantas de pimienta negra en 47 manzanas. Han sembrado 528 plantas de canela en 1.06 manzanas.

Exportación de yuca
La yuca no puede faltar, y las siembras ascienden a 406 mil 550 matas, en 169.7 manzanas. Los planes son aumentar en forma considerable la producción, pues próximamente gestionarán su exportación, dado que el producto tiene demanda en Estados Unidos y Europa.
El plátano es otro producto que no puede faltar en las 16 comunidades mayangnas, y ya cuentan con nueve mil 219 matas en 23.05 manzanas, y de igual forma, hay 165 mil 575 matas de banano patriota, diseminadas en 413.94 manzanas. Además, han sembrado 27 mil 315 plantas de quequisque en 8.54 manzanas.
Con el mismo tesón y esmero, promueven la producción del frijol abono, y para ello han creado aboneras con biofertilizantes orgánicos y elaborados por ellos mismos con humo, lombriz, dulce, suero y leche de vaca, estiércol, cenizas y plantas de zorrillos.
Hasta diciembre de 2006 lograron sembrar 67.15 manzanas de frijol abono, según el técnico agrónomo mayangna Gustavo Sebastián Lino.

Satisfacción con hortalizas
Con lo que sí les ha ido bien a los mayangnas es con la cosecha de hortalizas. Un grupo de quince mujeres adultas, con sus botas de hule, mostró en sus manos hermosas lechugas, repollos, pepinos, ayotes, zanahorias, rábanos, tomates, remolacha, apio y otros exquisitos productos.
Lanilia Hernández Macario, de 50 años, madre de dos niños y tres niñas, mostró satisfecha la cosecha de hortalizas que cultivan en las vegas u orilla de los ríos. Entre risas y por medio de un intérprete, dijo que con ello alimenta a su familia y todavía le sobra para vender y ahorrar para reparar su deteriorada casa.
En esos mismos términos se expresó Rencilia Frank Davis, madre de una niña de cinco años, al asegurar que en sus comunidades viven felices porque hay paz, no destruyen los recursos naturales, hay voluntad de trabajo y alimentos en abundancia, los que hace tres décadas hasta desconocían.
El reto colectivo es aumentar las siembras para tener mayores cosechas y ganancias, pues de lo que se obtiene, el 80% es para comercio, y el remanente para autoconsumo.
En Sakalwas, comunidad mayangna localizada en el lado izquierdo de la pista de aterrizaje, a unos cuatro kilómetros de distancia del casco urbano de Bonanza, nos encontramos con Fidencio Davis Pérez, de estatura baja, pelo liso, achinado, parecido a un japonés, al igual que los demás comunitarios. Davis coordina en el territorio el Proyecto de Desarrollo (baraknin yulni, en lengua materna).
Explicó a EL NUEVO DIARIO que con la cooperación austriaca denominada Hilfswerk, y con la Fundación para la Autonomía y Desarrollo de la Costa Atlántica de Nicaragua (Fadcanic), para la cual labora en la zona, ejecutan el proyecto Cultura Productiva de Desarrollo Comunitario y Organizacional.
Relató que uno de los componentes es la producción alimentaria y el otro tiene que ver con las alternativas de producción agropecuaria.

Economía de patio
A la par de las actividades agrícolas, según Fidencio Davis, se promueve la crianza de caballos, burros, gallinas, cerdos, ganadería mayor y menor. Es por eso que los visitantes encuentran todo tipo de animales en cada patio de las casa y en los potreros.
En el año 2004, con el criterio de fondo revolvente por medio de la reproducción, Fadcanic, como parte ejecutora, entregó a la comunidad mayangna un mil 300 aves (gallinas y gallos), 60 cerdos, 80 yeguas, 11 burros yegüeros y cuatro para crianza.
Hasta diciembre de 2006, se contabilizan más de cinco mil aves, 600 cerdos, 60 mulas, 60 caballos y 12 burros.
Parte de la reproducción ha sido entregada a otras comunidades mayangnas y otro tanto fue comercializado, con el fin de mejorar las viviendas y la iglesia, además se invirtió en la educación superior de los hijos e hijas.

Armonía con naturaleza
De acuerdo con Fidencio Davis, todos los proyectos que realizan en el territorio mayangna sauni as se ajustan a las políticas de protección y conservación de los recursos naturales.
En ese sentido, evitan destruir los árboles, que dan sombra a los animales, y ejecutan el proyecto Manejo Integral de la Microcuenca Pis Pis y Kuabul, integrando al menos a 13 comunidades.
Davis dijo que de forma directa e indirecta comunican los planes de educación ambiental por la radio local, en la escuela, en la comunidad y en el territorio, en donde se cuenta con un plan general y cada comunidad tiene un plan de manejo ambiental.
El equipo técnico a cargo de los proyectos de la Cultura Productiva de Desarrollo Comunitario y Organizacional lo integran: Fidencio Davis, coordinador; Gustavo Sebastián Lino, responsable de la parte agropecuaria; Polinario Sebastián Davis, en educación y organización, y Aquilina Patrón González, promotora social.