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Cuchara y corazón en la cocina caraceña

* Poeta y periodista Manuel Meza Fernández evocó las delicias culinarias de Carazo * No pueden faltar como complemento las deliciosas melcochas y las rosquillas

Alberto Cano

“Carazo cuando da la mano entrega el corazón”, dijo en una ocasión el escritor, poeta y periodista Manuel Meza Fernández, para describir en una sola frase la hospitalidad que caracteriza a los habitantes de uno de los principales departamentos de oriente.
Esa amistad a la que se refería el poeta casi siempre tiene que ver con la hospitalidad que el visitante recibe en la llamada Ciudad de los Vientos, como se denominó a Jinotepe, en la Cuna de Diriangén, Diriamba, o en la Ciudad de Ensueños y Mujeres Bellas, como se conoce a Santa Teresa.
Cada ciudad, por lo tanto, tiene su manera particular de agradar al turista, bien sea nacional o extranjero, eso sí, lo mucho o poco que se pueda compartir, se da con el corazón.
En Diriamba, por ejemplo, el riquísimo “picadillo”, que se reparte en las fiestas de San Sebastián, atrae a cientos de visitantes. La receta incluye masa de maíz, que fue el alimento por excelencia de nuestros ancestros, además de carne de res desmenuzada que al sazonarse deja olores exquisitos.
Muy próxima a Diriamba está Jinotepe, es una ciudad de ensueños, altas torres y cafetos en flor, donde el ajiaco, que ha pasado de generación en generación, identifica el arte culinario local. Su elaboración está basada en hojas de quelite, costillas de cerdo, jocotes verdes y piña, que mezclados con achiote y naranjas agrias hacen que cualquier parroquiano se chupe todos los dedos. El ajiaco, junto al guiso amarillo, también de masa de maíz, pero con carne de res, los buñuelos y nacatamales, es repartido durante las fiestas patronales de Santiago.
Más al sur, en Santa Teresa, se pueden saborear las melcochas y las rosquillas; en este lugar, “Capital de las mujeres bellas”, las figuritas de miel de azúcar hechas a mano atraen a centenares de personas, tanto del interior del país como del extranjero; mientras que en La Paz de Oriente, el llamado pan de mujer, elaborado a mano y horneado en tiestos de barro sigue siendo el deleite en esta parte de Carazo.