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Cuatro décadas dando forma a la expresión

* Elabora las caretas para fiestas patronales de todo el país * Del palo de agua surgen los Diablitos, Macho Ratón y otros * Desde hace 50 años también toca el pito y el tambor en el baile del Toro Huaco

Alberto Cano

Atrincherado en su “cuartel general”, en el mismo sitio donde nuestra cultura ancestral se resiste a ser derrotada por el avance de la trasculturación, encontramos a don José Miguel Flores Romero, el hombre que lleva 40 años, ahora apoyado por sus hijos, fabricando las máscaras que bailarines tradicionales y promesantes lucen durante las fiestas patronales de casi toda Nicaragua, principalmente de los departamentos de Carazo y Masaya.
El arte nace, dice con certeza don José, quien a sus 80 años aún luce con una capacidad increíble para hacer su trabajo, aunque el relevo generacional está listo para seguir confeccionado las caretas que casi siempre son adquiridas por los promesantes de las fiestas de Carazo y decenas de turistas que llegan a Diriamba de Estados Unidos, España, Alemania, Costa Rica y hasta de países del Caribe.
Don José, que aprendió este oficio solo, no vacila en afirmar que lo hace por amor al arte. “Muy poco se gana, apenas alcanza para comer y comprar los materiales que son altamente costosos”, afirma.
Cada máscara, según su tamaño y confección, puede oscilar entre los 250 y los 400 córdobas. Su elaboración depende de la materia prima, el palo de agua, que únicamente crece en zonas costeras y se puede hallar en Diriamba y en el departamento de Rivas.
Para facilidad del bailarín
Ese palo, afirma don José, tiene la bondad de ser liviano, así la máscara luce perfecta para ser cargada por el bailarín, y si alguien prefiere tenerla para adorno, da lo mismo.
En su cuartel, como él mismo llama a su pequeño taller en las cercanías del cementerio municipal de Diriamba, en vez de armas encontramos sus herramientas para trabajar: un machete bien afilado, un formón una gurdia y cuchillos.
Manos prodigiosas
El procedimiento, por lo tanto, comienza con preparar los moldes, dar el acabado y finalmente pintar las máscaras con la delicadeza de esas manos prodigiosas que las hacen ver con naturalidad absoluta.
El negocio, si es que se le puede llamar así, es ahora familiar, y hasta los más pequeños aprenden el arte de la confección de máscaras, porque lo que vale es el arte popular que no hay que dejar morir, afirma el diriambino.
Todos los personajes
Entre la variedad se puede encontrar toda la colección del Güegüense o Macho Ratón, el Toro Guaco, el Viejo y la Vieja, los Diablitos el Gigante, entre otros. Hay grandes y en miniatura, éstas se venden las seis en 300 córdobas, y de paso también las estatuillas de los personajes que más enorgullecen nuestra cultura.
Vale destacar que don José es también la persona encargada desde hace cinco décadas de tocar el pito y el tambor en el baile del Toro Guaco que todos los años acompaña a San Sebastián en sus fiestas patronales.