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Un día en La Quebradita

Lejos de los palacios coloniales y del ir y venir de “los cheles” que atiborran Granada, yace un poblado compuesto por 45 familias que no conocen las letras del abecedario, ni la escritura, ni los puestos de salud, ni los males de los cortes energéticos, porque no saben que ya inventaron la luz. Todo eso, aunque de la civilización tan sólo lo separan 40 kilómetros

GRANADA
“En una quebradita de montaña adentro yo te conocí…”, reza textualmente la tonada de una bonita canción del cantautor nicaragüense Carlos Mejía Godoy, y al escucharla se me vienen a la mente las montañas de Nueva Segovia, Jinotega, el Triángulo Minero, pero nunca Malacatoya, en el departamento de Granada, donde sí existe una comunidad que se llama La Quebradita, compuesta por un caserío que aloja a 45 familias que en pleno siglo XXI aún no conocen la luz eléctrica, el agua potable, no tienen escuela cerca, ni puesto de salud y mucho menos centros de entretenimiento.
El nivel de analfabetismo ronda el 90 por ciento, es decir solamente en esa faja de población hay más de 250 personas que no saben leer ni escribir. De esa cantidad al menos 150 son niños y niñas sin oportunidades.
Causa mucho dolor recorrer las trochas para llegar a la comunidad observando cualquier tipo de calamidades, o transitar por el camino de mejor acceso, pero que es privado, arriesgando el traúnsente sufrir una agresión de parte de los vigilantes de las fincas arroceras, en manos, algunas de ellas, del capital extranjero.
Vida trival
Los niños que nacen en La Quebradita vienen al mundo al igual que lo hacían nuestros ancestros, con ayuda de cualquier mujer “experimentada” en las artes de traer niños a este mundo, pues no cuentan con parteras capacitadas y tampoco hay medios de transporte para sacar a las parturientas a Tipitapa o a Granada, ambas ciudades ubicadas a casi 40 kilómetros de distancia, pero por caminos pocos transitados y de difícil acceso.
Una vez que nacen, éstos se convierten en niños invisibles porque sus progenitores no los inscriben en el Registro Civil de las Personas de la Alcaldía de Granada, sitio lejano para ellos y ellas, quienes con costo ajustan para hacer uno o dos tiempos de comida al día. La principal fuente de empleo son las fincas arroceras.
Pero la falta de recursos económicos no es el único obstáculo. Estas personas no inscriben a sus hijos porque ellas tampoco cuentan una partida de nacimiento, ese documento de identidad tan importante para que sean reconocidas como personas con derechos.
Con el esfuerzo de la comunidad y de Visión Mundial, único Organismo No Gubernamental que tiene presencia en la zona, existe un pequeño galerón forrado con ripios de Plycem, piso de tierra y zinc. Ahí hay una pizarra y unos cuantos pupitres para albergar durante las mañanas a más de 40 niños que llegan a aprender a leer y escribir.
Excluidos del saber
En esta comunidad nadie está pensando que en un futuro no muy lejano sus hijos se bachilleren y mucho menos que ingresen a estudiar una carrera técnica o universitaria, porque a lo más que aspiran es que finalicen el tercer grado en la “escuelita” multigrados a cargo de un joven profesor originario de Diriomo.
La única responsabilidad del Ministerio de Educación es pagar el salario del maestro, el que permanece en la comunidad de lunes a viernes, aviniéndose a padecer las necesidades del resto de la población.
El terreno donde opera esta escuelita es propiedad privada, porque el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes (MECD) no cuenta con uno propio para que organismos como Visión Mundial puedan buscar el financiamiento con agencias de cooperación amigas para la construcción de una verdadera escuela.
Y dificultades podemos seguir enumerando. Las 45 viviendas, hechas en su mayoría con plástico negro, lona, pedazos de toldos, ripios y cuanta cosa sirva para cubrirles del sol y del frío, están erigidas en tierras comunales y nadie tiene título de propiedad.
Pudimos observar también que de 45 casas, solamente 12 cuentan con letrinas, las que fueron donadas por Visión Mundial hace un año. El resto realiza sus necesidades fisiológicas al aire libre.

Vida insalubre y sin esperanza
La Quebradita, como su nombre lo dice, es un vertedero de agua que cruza la comunidad arrastrando el desagüe de los plantíos de arroz. Esta agua va contaminada con pesticidas y fertilizantes que la hacen nociva para la salud humana, no obstante, ante la escasez de agua potable y de pozos artesanales, no les queda más alternativa que utilizarla para bañarse, lavar la ropa, así como los utensilios de cocina y en ocasiones consumirla, porque el único pozo comunal no da abasto a toda la comunidad.
Hoy ellos y ellas albergan la esperanza de que personas altruistas, y principalmente el Estado, se enteren que la comunidad de La Quebradita existe y les lleven un poco de desarrollo.
“Sólo para este tiempo de elecciones se acuerdan de que existimos, nos convencen de darles el voto y hasta camiones nos mandan para que vayamos a votar, porque nos queda largo la Junta Receptora de Votos, pero cuando ganan seguimos en la misma”, dijo Martha Rosa, una de las más aventadas de esa comunidad.
Por el momento, ellos conformaron su Comité de Desarrollo Comunitario con la idea de empezar a hacer gestiones ante diversas instancias e instituciones para llevar progreso a su comunidad.