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Dicen no al cultivo de palma africana


El Rama
Gran preocupación han mostrado los habitantes de municipios de la RAAS y Río San Juan ante los anuncios en medios de comunicación sobre la siembra de cultivos masivos de palma africana con el propósito de producir combustible en estos territorios. En referencia a esta situación, un grupo de personas que integran la Cocibio (Coalición para la Conservación de la Biosfera del Sureste) se ha reunido de urgencia en diferentes municipios que podrían ser afectados con estos cultivos, para tratar el tema que vendría a perjudicar a gran escala los recursos naturales de la región.
Expresan que el Estado, a través del presidente Bolaños y otros políticos, está a punto de promover mediante decreto o ley el cultivo de forma masiva de palma africana en la región del sur y noreste de Nicaragua.
La organización conocida como Cocibio, en referencia a esta situación, se ha reunido en Nueva Guinea, El Rama, Bluefields y Río San Juan con otras organizaciones que trabajan en la región para abordar el tema.
Según estas personas, el cultivo masivo de palma africana vendría a dañar fuertemente la biodiversidad del medio ambiente. Tal es el caso de Kukra Hill, donde en más de 10 mil hectáreas de tierra se cultivó palma africana y ahora no existe un solo árbol. Lo único que se ha visto es que sus respectivos dueños se han enriquecido y que las aguas de los principales ríos están contaminadas y no existe la diversidad de vida acuática que había antes.
Éstos, entre otros, han sido los temas que han expuesto los integrantes de estas organizaciones defensoras del medio ambiente; entre los expositores se menciona a Elba Rivera, de Nueva Guinea; Tomás Quijano, Shanda Vanegas y Kirman Roe, de Bluefields; Arsenio López, de Nueva Guinea; Mercedes Escoto, de Ciudad Rama; Norvin Torres, de San Carlos, Río San Juan; Ramón Jarquín, de la Reserva de Cerro Silva, y Freddy López, de El Castillo, Río San Juan.
Pérdida de biodiversidad
Entre otros temas negativos que provoca el cultivo masivo de palma africana, según los expositores, destaca: la pérdida de la biodiversidad. El cultivo de la palma africana se muestra como cultivo perenne, de ahí que cuando se convierten los sistemas menos dañinos, como los agroforestales, a los monocultivos (como la palma africana), la pérdida de biodiversidad puede ser casi de un 90% del sistema original o seminatural.
Estatus de “Biosfera de la Humanidad” ante la Unesco:
La zona del sureste alberga la Reserva de Biosfera de Río San Juan, dentro de esta área se incluyen seis áreas protegidas y sus zonas de desarrollo humano o zonas de amortiguamiento, estas características privilegian a la región y a Nicaragua como icono de la conservación, y de velar porque las actividades de desarrollo sostenible sean compatibles con el estatus de “Biosfera de la Humanidad” que otorga la Unesco. El punto es que probablemente un monocultivo, como el de la palma africana, a esta escala puede atentar con ese privilegio internacional que tiene Nicaragua.
Contaminación de los recursos acuáticos por agroquímicos: Aspecto muy sensible en los sistemas de producción a gran escala, y particularmente en la zona del sureste, por la alta pluviosidad en la zona y por la dependencia que tiene el ser humano de la zona a los recursos hidrobiológicos para la subsistencia. El uso de agroquímicos puede tener efectos contraproducentes en la salud de los ecosistemas de aguadulce y marino costeros.
Pérdida de suelo y compactación de los mismos:
Está demostrado que la alta pluviosidad de la zona facilita la pérdida de la capa más fértil del suelo y su compactación. Cuando el suelo cambia su vocación, la pérdida de estructura del mismo (compactación, por ejemplo) y la erosión es mucho mayor, de ahí que los fenómenos de sedimentación incrementan en las redes inmediatas de drenaje.
Ley de Autonomía:
Este proyecto de ley no ha sido consultado o consensuado completamente con las autoridades de las regiones autónomas en pleno. Puede ser que, como la mayoría de las veces, las decisiones de orden legal deban ser revocadas en el seno de las autoridades locales, y que un proyecto que se presenta como una “oportunidad para el país” no llene los requisitos para ser validado por los consejos regionales autónomos; el peligro es que un amparo pueda inhibir cualquier amparo judicial, como ha sucedido con otros proyectos.
Soberanía alimentaria e identidad:
Por lo regular el cultivo para diesel vegetal requiere grandes extensiones de tierra, despojando de ella a los campesinos e indígenas, generando, obviamente, resistencia de éstos y como consecuencia, violándoles el derecho a la tenencia de la tierra, la violación a los más elementales derechos de los habitantes de la comunidades rurales, la pérdida de los cultivos tradicionales y no tradicionales ya establecidos en la zona, y con ello la pérdida de la soberanía alimentaria.
Presión por más tierra:
Desplazado el campesinado y los indígenas, que comparten estos territorios, por el monocultivo semi-industrial, podemos enfrentarnos al aumento de la especulación de tierra, que ya es grave, y a la conversión de los sistemas a actividades netamente extractivas que pesan sobre la biodiversidad, el equilibrio ecológico y la conservación de ecosistemas críticos de la zona, con disminución de la cobertura existente.