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“El día en que la fe movió un volcán”

* Hermana del obispo que instituyó la “Gritería Chiquita” relata las horas antes del milagro de la Virgen de la Asunción * León “agonizaba” bajo nubes de arena, la Catedral casi estaba soterrada y todo terminó con un solo grito: ¡Quién causa tanta alegría!

Marianela Flores

LEÓN -Una de las mujeres más cercanas al Obispo de León, monseñor Isidro Augusto Oviedo y Reyes, quien instituyó la Gritería Chiquita en esta ciudad, recuerda, a sus 94 años, cómo vivió aquellos días en que el Cerro Negro casi sepulta la ciudad.
La señora Mélida Oviedo Reyes es hermana del recordado obispo y aún en su memoria tiene escrito, como si fuera ayer, los momentos de terror y desesperación de la ciudadanía ante la lluvia de arena que caía incesantemente en agosto de 1947 y el milagro de “La Conchita”.
“Usamos pañuelos en la cabeza, sombrillas, anteojos para cubrirnos, cada vez la erupción era más fuerte, la gente no soportaba la amenaza de un derrumbe de las casas en cualquier momento, producto de la cantidad de arena en los techos”, recordó.
Éxodo y pérdidas
El éxodo hacia otras ciudades empezó a pocos días de las expulsiones de material del coloso, niños y ancianos fueron enviados donde familiares, ya que las enfermedades respiratorias, oculares y de la piel estaban a la orden del día, producto de la arena.
Doña Mélida recuerda que su madre, Carmen Reyes, alistó un “motete” de ropa y viajó a Managua en un “bocho” o ferrocarril, para refugiarse, mientras ella decidió quedarse junto a su hermano.
La incertidumbre por dejar a sus seres queridos en la ciudad también generó angustia en las familias.
En las zonas rurales aledañas al volcán, los campesinos sufrieron la muerte de sus animales de corral, ya que éstos no tenían pasto para alimentarse, además tuvieron grandes pérdidas en los cultivos. Los alimentos estaban atestados de arena y la mayoría de mujeres cocinaban debajo de mesas, en pequeños fogones, el agua limpia era difícil de ingerir, no había clases, ni festejos, era como un pueblo fantasma a merced de la majestad divina.
Una gritería de penitencia
“Mi hermano rezaba cada momento ante la Virgen María, suplicando el cese de la erupción. Una tarde de agosto, después que salimos en procesión bajo la nube negra que forraba el cielo y viendo el llanto de la gente, nos pidió adquirir el compromiso de realizar una gritería de penitencia, toda la gente que estaba en la iglesia levantó la mano, fue un momento de unidad y fervor que conservo en mis pensamientos”, relató doña Mélida.
El catorce de agosto de 1947, a como habían acordado, los devotos de la Santísima Virgen hicieron sus altares y salieron a las calles y con fe gritaron a todo pulmón el “Quién causa tanta alegría”. En aquella gritería no hubo repartición de “gorras” ni “chucherías”.
A los pocos días de realizada la procesión, los leoneses volvieron a divisar el sol, y el manto negro que los cubrió se esfumó. La calma había vuelto. Desde entonces la “Gritería Chiquita” se mantiene como un compromiso fiel de las generaciones que hoy celebran el 59 aniversario de la tradición religiosa popular dedicada a la Virgen de la Asunción.
A “desenterrar” la Catedral
Mélida Oviedo, pese a su edad, no pierde ningún detalle de interés de este episodio en la historia de León. Ella recordó que con la caída de la arena volcánica las cúpulas de Catedral estaban totalmente cubiertas, por lo que ingenieros hicieron una valoración y orientaron al obispo limpiar de inmediato el material, pues había riesgos de un desplome.
“Mi hermano contó con el apoyo de varios feligreses y empezaron a quitar la arena, como es alto tuvieron que bajarla en baldes y ollas con mecates, lo cual fue una tarea difícil”, recordó la anciana. Después, la labor fue retirar los gigantes cerros de arena del templo.
“Conservar tradición”
A más de medio siglo, la “Gritería Chiquita” aún se conserva, pero su promoción entre jóvenes se ha ido perdiendo. Doña Mélida consideró que hay que contar la historia, porque eso mantendrá la devoción.
Desde hace varios años ya nadie reparte las estampas de la Virgen, medallas u objetos religiosos, que fue el compromiso inicial, por ser una gritería de penitencia, pero también son pocas las personas que dan “gorras” tradicionales, como cajetas, chicha y gofios. Pero algo es cierto, hasta los políticos aprovechan la festividad para promover sus candidaturas y hoy no será raro ver a todos ellos en el “primer grito” del obispo en la Catedral que da por inaugurada la “Gritería Chiquita”.