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Plaga de ratas termina con siembras en zona de Ayapal


Francisco Mendoza

Ayapal, Jinotega
Las comunidades indígenas mayangnas, mískitas, sumos y mestizos que habitan sobre las riveras de los ríos Coco y Bocay, en el límite de la frontera agrícola en la reserva de la Biosfera de Bosawás, son los habitantes de esa Nicaragua que no conocemos.
EL NUEVO DIARIO viajó a varias de esas comunidades indígenas y mestizas para conocer en el terreno el diario vivir de estos hermanos. Conversamos con sus dirigentes para conocer hasta dónde el gobierno y los políticos los han apoyado y si cuentan con algunos servicios básicos gubernamentales.
Además de conversar con los dirigentes indígenas, también lo hicimos con los dirigentes de los mestizos o colonos, que han llegado desde el Pacífico buscando mejoría económica para salir adelante, pero las cosas se les empeoran a cada instante, tanto para obtener los productos de subsistencia como para movilizarse.
Marcos Castro, Presidente de la Asociación de Campesinos Protectores de Bosawás, señaló que la situación para este año es crítica debido a que se ventilan señales de hambruna, debido a que las ratas han afectado las siembras de maíz, arroz y frijoles, aunque el apoyo gubernamental brilla por su ausencia y sobreviven gracias a la ayuda de Organismos No Gubernamentales, donde uno de los pioneros es el Centro Humboldt.
Carecen de todo
Señaló que en estas zonas la gente carece de educación, salud y alimentación, aunque hay algunos médicos en los centros de salud que no cuentan con el medicamento necesario para atender a la población, dijo el dirigente.
Santos Paul Pravia, coordinador de la comunidad mestiza de Kayaska, quien a la vez es promotor ambiental de la Reserva de Biosfera de Bosawás, aseguró que para los que habitan en la frontera agrícola y sobre la rivera del río Bocay, la situación es difícil, debido a que carecen de medicinas, educación y préstamos para sus siembras.
Kayaska cuenta con unos cuatrocientos habitantes que nunca han recibido ayuda del gobierno, y existen unos 75 niños que no pueden estudiar porque no hay local, y los que logran llegar a una escuela no pueden seguir sus estudios porque los maestros no duran mucho, además que sólo dan clases hasta quinto grado.
Vilma Tónico, también de Kayaska, aseguró que sólo se han dedicado a la siembra de granos para autoconsumo, pero como están en la frontera agrícola, no pueden sembrar grandes cantidades, por lo que la vida es dura para ellos. Desde Managua sólo se acuerdan para la campaña electoral, dice Vilma.
De León a Jinotega
Don Juan Ramón Mangas Palma, quien actualmente acaba de cumplir 103 años de vida pero aún se saca la tarea con un machete en la mano, señaló que tiene muchos años de haber ingresado a esas montañas, siendo originario de El Sauce, León, pero vivió en Matagalpa, y después, buscando mejor vida, se fue con una mujer a Bosawás. Mangas Palma vive de lo poco que puede producir en la siembra.
Jesús Damasio López, miembro de la Junta Directiva de la Asociación Indígena Mayangna Makalahana, señaló que una de las principales dificultades que atraviesan es la pérdida de las cosechas por la plaga de ratas. Como dirigente propuso al gobierno que dé transporte hasta Peñas Blancas, pero el gobierno ha puesto oídos sordos, concluyó.
Doroteo Cardenal Torres, coordinador de la Asociación Mayangna Makalhana, cuyo objetivo es velar por los derechos de los indígenas, dijo que gracias a la ayuda de los ONG que los han provisto de semilla, han logrado mejorar su situación, pero al igual que el resto, dice que la afectación por las ratas los ha dejado en una situación difícil.
Por su parte, el doctor David Morales Maradiaga, originario de León y quien hace dos meses fue a prestar su servicio a la comunidad Mayangna de Wisuh, señaló que las enfermedades son muchas y las medicinas se les dificulta obtenerlas, lo que agrava la salud de la población local.